Martinico, el vampiro posmoderno

Martinico se llamaba a sí mismo, “el último vampiro del siglo”.  Desde muy niño había adoptado una identidad que según él era sobrenatural.  Vio la famosa película Nosferatus de 1922, del director Whilhelm Murneau, la cual causó un hondo impacto en su ser.  Su apariencia se había vuelto oscura de un día para otro.  Dejó impactados a sus papás cuando pidió cambiar su cama, que era la cuna en la que había dormido desde bebé, por un ataúd. 

Sus aficiones también causaban alarma entre amigos y familia, varias veces habían visto que antes de dormir (casi siempre a las 4:00 a.m. para pasar durmiendo hasta las 5:00 de la tarde) bebía en un cáliz de plástico, un líquido rojo pastoso, nadie le preguntaba qué era, pensaban que era un jugo V8, no se daban cuenta que era sangre.

Su adolescencia pasó normalmente, aunque no tenía amigos, llegaba a estudiar vestido de negro completamente, se sentaba hasta adelante y jamás se hizo amigo de nadie, de vez en cuando interactuaba con algún profesor durante las clases, pero nada más.  

Fotografía de Fernando Chuy

En el colegio donde estudiaba básicos, los jóvenes eran aficionados al futbol, formaban equipos y jugaban después de las clases hasta bien entrada la tarde.  Martinico, en cambio, se quedaba escuchando música con los audífonos puestos.

Solamente una vez participó en las clases de atletismo promovidas con mucha pasión por el profesor de Educación Física.  Martinico llegaba por primera vez a estas clases, ahí los demás compañeros pudieron ver que sus piernas, brazos y cara eran blancas como la leche, además, se dieron cuenta que tenía una apariencia andrógina, razón por la cual el profesor le hablaba de una forma bastante agresiva.  Como parte de su ajuar, utilizaba un dije gigante de una estrella de cinco picos.  En su antebrazo tenía tatuadas algunas palabras en latín.

Como era de esperarse, los jóvenes empezaron con las bromas y el acoso a los más débiles, a uno de ellos se le ocurrió poner un apodo a Martinico, no tuvo mejor idea que decirle Marilyn Menso (en alusión al cantante de rock).

La clase del día consistía en 400 metros con obstáculos.  Había dos muchachos que incluso eran miembros de la Federación Nacional de Atletismo, corrían muy rápido y con buena técnica.  Ese día, empezaron por los más rápidos para ir llegando a los más lentos, obviamente Martinico quedó relegado al último. 

El profesor daba un silbatazo de salida y los jóvenes alineados en grupos de 5 corrían.  Cuando ya iban a terminar, Martinico no había pasado, y el profesor le dijo que se pusiera en la pista que iba a correr solo pues no restaban más jóvenes.  Todos se burlaban de Martinico, decían “que corra Marilyn Menso y después cante the beautiful people”.  El profesor acostumbrado a los métodos represivos, le dijo a Martinico.

—Te están molestando mano, y vos te estas dejando, no parecés varón.

Martinico con una apatía completa se paró y acercó a la pista, de nuevo el profesor, le dijo:

-Mano, te estoy hablando, te estás dejando que te molesten, aquí las cosas se arreglan como los hombres, así que antes de correr vas a boxear contra alguno de los que te está jodiendo.

El profesor volteó a ver al grupo y dijo “a ver ¿quién se quiere pelear con Menso (todos rieron a carcajadas) para que se haga hombre?”

Del grupo salió un joven, que todos sabían entrenaba artes marciales mixtas en un gimnasio, incluso, hasta había ganado peleas en la calle cuando se habían enfrentado a estudiantes de otros colegios.

—Voy yo profe, vamos a poner a dormir a la señorita.

Martinico veía toda la situación y no reaccionaba.  El profesor lo tomó por el brazo y sintió que su cuerpo estaba frío a pesar del sol y del movimiento. Lo acercó a la mitad de la pista, agarró del brazo al otro joven y les dijo, “bueno patojos sáquense el calor”. 

Se escuchaban los gritos del grupo, que estaban sentados en una estructura que simulaba las veces de un graderío, algunos saltaban y gritaban, de pronto, se escuchó el sonido de ruptura de madera y metal. El graderío se desplomó.  Los 20 jóvenes que estaban sentados en él cayeron a una fosa que estaba en la parte de atrás, el precipicio era de 6 metros de profundidad con una forma cónica.  Parecía que caían en un embudo. 

El profesor corrió al lugar y el otro joven quedó enfrente de Martinico, inmediatamente trató de asestarle una patada en la pierna, sin embargo, no lo alcanzó, después se le lanzó encima para tratar de tumbarlo, Martinico se movió hacia un lado, finalmente trató de atraparlo por la espalda y para aprisionarlo con una llave al cuello.   Martinico le mordió el brazo con muchísima fuerza, le arranco un pedazo de piel y músculo, dejó el hueso expuesto, el joven quitó el brazo cuando sintió el dolor, trastabilló hacia atrás y finalmente cayó de espaldas, sin darse cuenta que su cabeza iba directo a un pedazo de hierro de construcción que habían dejado para amarrar unas carpas en los próximos días.  El hierro le atravesó el cráneo y le salió por la cuenca del ojo expulsando el nervio óptico izquierdo.  El profesor regresó corriendo y cuando vio la escena, le dijo a Martinico, que se quedara ahí, el joven todavía tenía las piernas temblando por los movimientos reflejos. 

El profesor corrió a la dirección del colegio y les pidió que llamaran a los bomberos que había una emergencia, sumamente alterado.  La secretaria del colegio le dijo que sí, que iban a llamar inmediatamente, pero que tenía que darle una muy mala noticia y es que habían llamado hacía un minuto para decir que su esposa y sus dos hijos, acababan de sufrir un accidente. 

—¿Qué les pasó?

— Profe, no quería enseñarle esto, pero hay un video tomado por una cámara cerca de la carretera…

En el video publicado en Twitter se veía cómo un trailer que iba en la carretera al Atlántico, perdía misteriosamente el control y el contenedor caía en un pequeño vehículo a su lado izquierdo aplastándolo por completo.  Uno de los bomberos que llegó a la escena tomó el celular de la mujer y llamó al colegio para avisar.

El profesor, recibió la noticia y quedó sumamente confundido, por inercia tomó su motocicleta y enfiló hacia la carretera al Atlántico.

Quien había quedado entero en toda esta situación era Martinico. Tranquilamente se acercó a ver la fosa en la que habían caído sus compañeros, no se escuchaba nada, volteó a ver al compañero que había caído sobre la barra de hierro y ya había dejado de temblar.  Se acercó a su rostro bañado en sangre, con un dedo tomó un poco y la saboreo.  Se fue caminando hacia una de las salidas del estadio y empezó a caminar a su casa, los bomberos llegaban recién.

El profesor que iba sumamente alterado a toda velocidad para encontrar lo que había sucedido a su familia, trató de seguir recto por la calle Martí en uno de los semáforos, sin embargo, un cabezal estaba cruzando hacia la izquierda, sin darse cuenta, lo botó de la moto y las llantas que llevaban la carga pasaron sobre él, las primeras le atraparon las piernas y las segundas pasaron sobre su cuerpo y cabeza.  despedazándolo en un instante.

Fotografía de Rodrigo Abd

Al llegar a su casa Martinico no dijo nada aparte del acostumbrado buenas tardes entre dientes y fue a su habitación.  Ahí, se recostó en su ataúd a recordar cada uno de los momentos que había vivido en el día.  Los ojos los tenía encendidos en sangre y cada vez que recordaba el metal que atravesó la cabeza del joven, el desplome del graderío o una imaginada muerte del profesor que le dibujaba una sonrisa de oreja a oreja.

¿Cómo era posible que pasaran todas estas casualidades en un mismo día? ¿Era Martinico el que provocaba todo esto? ¿Tanto poder tenía?

Pues él creía que así era, seguramente era su práctica de tomar sangre lo que le había dado ese poder sobrenatural, porque los vampiros son inmortales.

Sin embargo, algunas cosas habían pasado anteriormente con las personas que estuvieron en el altercado.  Ese día, era viernes 13, pero más allá de la creencia popular acerca de la fecha, hacía un mes exactamente pasó algo en la clase de atletismo a la que Martinico no asistió.

Estaba el profesor ordenando a los muchachos para que corrieran, cuando de pronto, uno de ellos dijo que se sentía mal del estómago.  El profesor no le creyó y le dijo que fuera hombre y que corriera, el joven empezó a correr y a mitad de la pista se detuvo a vomitar.  El profesor se acercó y le gritó que tenía que continuar hasta terminar, el joven no podía avanzar, como no avanzaba, llamó al joven peleador y le dijo, “a ver, metele una patada en la panza a este basura”.  El joven sin dudarlo tomó impulso y le dio una patada que lo dejó desmayado.  Cuando cayó al piso, el profesor dijo, “déjenlo ahí, ya se va a levantar”.  Pasó la clase y finalmente el joven empezó a levantarse lentamente.  Resulta que vivía solo con su abuela, pues sus papás habían muerto hacía años.  La abuela llegó al colegio en la tarde a ver qué sucedía y le dijeron que su nieto estaba ahí, aunque parecía que estaba enfermo pues no podía caminar bien.  Al salir, no pudieron avanzar, así que llamaron a una ambulancia, llevaron al joven y a la abuela a la emergencia.  El joven entró y después de una hora, el médico encargado le llegó a decir que el muchacho tenía síntomas de hepatitis y que había recibido un golpe que le deshizo el hígado, la hemorragia interna fue profusa y no pudo sobrevivir.  La abuela quedó impactada se puso a llorar en el lugar, no sabía qué hacer, el muchacho era su compañía y consuelo pues ella vivía sola.

A la semana siguiente se acercó al colegio y pidió hablar con el director y el maestro de educación física.  En esta reunión llegó el maestro con una actitud altanera, y el director le dijo

—Me cuenta la señora que a su nieto lo golpearon y esa fue la razón por la que murió

—¿Ah sí? Pues eso no fue así, el joven venía enfermo y siempre se estaba quejando, yo creo que ya estaba enfermo desde el año pasado porque siempre era así bien aguadito.

La mujer intervino “pues me dijeron que alguien lo golpeó en el hígado”

—Mire señora, en este colegio formamos hombres y mujeres, no andamos con contemplaciones y si su nieto era rarito, pues mejor hubiera buscado un colegio de esos que respetan los derechos humanos y esas cosas.

El director no decía nada, dejaba que el profesor le expresara todo tipo de sandeces a la anciana.  Hasta que ella se molestó tanto, y levanto la voz:

—Solo una cosa le voy a decir a usted chimpancé de circo, a mi nieto lo mató alguno de esos delincuentes que usted tiene como estudiantes. Pero, yo sé que usted tiene conecte con algún militar o alguien que le apaña estas cosas.  Y está bien, pero de la ley que no se va a salvar es de la divina, y yo ahora lo maldigo a usted y a toda su familia y a la familia de cada uno de los que tuvo algo que ver en la muerte de mi nieto.  Espero que nunca se levanten y siempre vivan como los gusanos, arrastrándose y comiendo porquería, Belsebú, Astarot, Satán, y toda la cohorte de demonios y almas desencarnadas del inframundo que lo tengan a usted y a su familia y a la de cada uno de los que estuvieron ese día y no hicieron nada, revolcándose en la inmundicia, que no tengan paz jamás, que vivan mal y mueran mal por siempre y ¡Que así sea!

La mujer se dio la vuelta y salió de la dirección.  El profesor de física le dijo al director:

—No se preocupe lic, esta viejita no puede hacer nada hombre, puro teatro. ¡Ja, ja!

 

—Sí verdad, ¡Jajajá! Hasta ya me había asustado, pero no mucho le entendí qué decía ¡Jajajá!

El funeral del grupo se hizo en el patio del colegio.  El único sobreviviente del grupo era Martinico, quien llegó a la ceremonia y se sentó lejos de los demás estudiantes, llevaba sus audífonos.  La abuela del joven que había muerto un mes antes, se acercó al colegio, vio de lejos a Martinico, se le acercó y le preguntó

—Mijo, vos estabas en la misma clase que mi nieto, y estás vivo

—Sí señora, soy de un linaje vampiresco

La señora sonrío

—Qué bueno que sea así mijo, quiero decirte que, si estas vivo es porque nunca le hiciste daño a mi muchacho, a ti, dios te quiere mucho y te bendice

Martinico quedó con la mirada perdida mientras escuchaba Sweet Dreams de Marilyn Manson en sus audífonos.

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