Muerto el último árbol, muerto el último hombre

No había mucho congestionamiento ese día; quizá el respeto a Jesús de las tres potencias pudo más que encarcelarse en un automóvil sin aire acondicionado y pelear con los pecadores que cierran las calles por el recorrido del barbas; aunque sí hay que darle el mérito a alguien, es a los feligreses por su organización, lástima que el pueblo guatemalteco no se organiza para impedir las injusticias cometidas en esta tierra del ave con el pecho rojo y las niñas quemadas vivas.

Fotografía AP

En la televisión y las redes sociales pululaba la noticia del incendio de uno de los más visitados destinos turísticos de la capital francesa, una catedral de culto católico, de arquitectura gótica, con algunos años encima, sede del arquidiócesis de París, la iglesia de Nuestra Señora de París; su techo fue alcanzado por la voracidad de las llamas que últimamente visitan cualquier resquicio de este diminuto mundo.

Una de las capacidades en podredumbre que baña en todo su esplendor a la mayoría de guatemaltecos, es la falta de empatía por lo suyo; en Guatemala se vive diariamente una guerra contra la indiferencia, contra la razón, hasta se pelea con el amor, los nacidos y no, en este pedazo de tierra, se sobrevive ante las vicisitudes que el tiempo y la dejadez nos presentan, sin avistar un porvenir hermoso sino más bien incierto, teniendo que soportar además a los facinerosos que usurpan los cargos públicos y se aferran a un discurso purista y mediocre.

Los bosques son quemados paulatinamente, la indignación solo ocupa las redes sociales, incluso cuando la desgracia es internacional no hay una acción más allá de cambiar su foto de perfil y compartir el amarillismo de las noticias pobres con los amigos de siempre; el situarnos en el presente de ciertos países, no nos es posible, ¿Qué haríamos nosotros ante tal incidente? ¿Podríamos contrarrestar alguna catástrofe más fuerte de las que nos han golpeado? ¿O de este lado no pasan las cosas que pasan en otros países? Tenemos un sistema fracasado y la capacidad para hacernos los locos mucho más desarrollada que cualquier especie, el que no pensemos en la realidad no quiere decir que la realidad no nos alcance, la historia tiene un romanticismo propio que toma fuerza con el pasar del tiempo, si la dejamos sola, inerte, ajena a nosotros nos dará una bofetada que no podremos esquivar.

Queda RESISTIR, informarnos, trabajar hombro con hombro, dejando atrás las envidias y los malos ratos. NO OLVIDANDO, resurgir de entre la mierda que ya la tenemos hasta el cuello y no permitir más avasallamiento, educar a nuestros hijos, no vender nuestras montañas, cuidar el agua, alzar la voz cuando sea necesario y aprender un poco a sentir el dolor de un hermano herido.

Muerto el último árbol, muerto el último hombre.

Sentencia maya

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