Narrativa en construcción, “La lengua de los gatos” habla de futuro

Los gatos merodean, arquean el lomo, sacan las garras, hacen una danza ritual antes de dar un zarpazo a una rata acorralada en un rincón de la terraza de una casa abandonada; luego de lamerse largamente, otro ritual para después de comer, ven como en el horizonte el libro se cierra pesadamente para crear oscuridad y ellos, como buenos felinos aprovechar la oscuridad para dormir una larga siesta.

Fotografía de Fernando Chuy

Los gatos que pueblan la novela de Gerson Ortiz, “La lengua de los gatos” son gatos literarios, delineados por la imaginación del autor, que como veremos, usa ese recurso intangible por excelencia, con ingenuidad, pero mostrando filo en la navaja, que a ratos es peligrosa y a ratos es tan inofensiva como un gato pardo lamiéndose el culo.

La narrativa es un género poco estimado y poco desarrollado en nuestro país, sin embargo, existen estos seres humanos que insisten en contar breve, en contar historias que tienen que ver con la vida cotidiana de guatemaltecos y guatemaltecas que nos son tan literarios como los gatos, pero que son personajes dignos de esta narrativa delincuente y oscura que te hace disfrutar el ejercicio de la lectura, el ejercicio de la imaginación.

La narrativa de Ortiz, como ya dije, es ingenua e intenta un estilo normado y obligado por las editoriales industriales que inundan el mercado con sus novelas insulsas pero premiadas, no es raro que un autor en esta esquina del mundo quiera imprimir su narrativa con ese estilo de personajes y diálogos que no responden a la ciudad, a nosotros, ni al autor. Sin embargo, el filo de la navaja narrativa mostrada en “La lengua de los gatos” va por buen camino.

Ortiz sitúa sus cuentos en la ciudad de Guatemala, ciudad que es un perfecto personaje para la narrativa de Gerson, sin embargo, aparece desdibujada, caricaturizada, sin su particular pestilencia, allí encuentro una debilidad en los relatos, sin embargo, desde el punto de vista del personaje la ciudad está allí, latente, a merced de la agudeza del lector, toda una paradoja.

El ejercicio de escribir no debería incluir una explicación extensa, ni facilitarle el ejercicio de la lectura y la imaginación al lector, pero el reto es provocar, incitar, excitar los sentidos de quien lea, de quien se dé la oportunidad de imbuirse en “La lengua de los gatos”.

Cuando abro el libro, se crea la luz para los gatos, de inmediato se ponen a olfatear el aire y a tratar de intuir que relato leerá hoy, esperan que lea una de esos en los que no son protagonistas, de esa manera podrán quedarse echados bajo el sol tibio de la mañana. La lectura les hace vivir, la imaginación los colocó en su cárcel de papel, cárcel amable y cálida que de vez en vez los hace vivir, una y otra vez, una y otra vez.

Los personajes son unidimensionales y no hablan “guatemalteco” no embonan con la escena, con el lugar, sin embargo, el trabajo narrativo de Ortiz es inteligente, imaginativo y audaz, logra hacer entrañables a esos personajes que sin un buen trabajo narrativo no se creería en su existencia.

En el cuento “Esta no es la historia que he venido a contar” abundan los clichés y la historia es predecible, pero llega otra vez la fuerza narrativa de Ortiz a salvar la jornada y lo que inició como un cuento flojo y previsible termina con una sórdida experiencia en un motel del Centro Histórico.

‘La lengua de los gatos’ está conformado por seis cuentos y 140 páginas. Disponible en Sophos

“La lengua de los gatos” es un libro de cuentos publicando en octubre de 2020 en medio de una pandemia, como lector lo agradezco y celebro, el rigor y la búsqueda de un estilo propio del autor lo demando pues encuentro en Ortiz un autor con posibilidades.

Antes de escribir esta reseña releí el cuento que le da título a la colección de seis relatos y allí, entre un gato fantasmal, huraño, caprichoso y otro desfigurado y moribundo, la narrativa de Gerson Ortiz se muestra con toda su fuerza y fealdad, porque a pesar de ser un autor que aún está en busca de su estilo, de su sello personal; en “La lengua de los gatos” luce una narrativa cruel y sucia contada como solo puede hacerlo un buen narrador, bellamente contado, con toda su fealdad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *