Negro con sida

 

Fútbol, Lozano güeco

Fotografía de Javier Herrera

Al futbolista lo partieron en ocho pedazos. Toda la piel quedó en las ollas grandes que los miércoles y sábados usaban para los chicharrones. Los puros huesos quedaron, después va de echarle café y cardamomo para que no despidieran mal olor decían ellos, saber de dónde se sacaron eso, la mezcla la hicieron al rato y lo dejaron en un tonel de esos de metal que los vecinos usan para agarrar agua (cuando no cae). Lo llenaron de cemento y le sembraron un tubo galvanizado, también le echaron tierra; como a las tres de la tarde fueron donde don Chepe para que les hiciera un tablero con su aro sencillo y lo soldara al tubo, y la nueva canasta de baloncesto la pusieron en la entrada del taller, el más grande de los señores llegó de la capital con una pelota y les dijo a todos los patojos que siempre se mantenían afuera del lugar: Bueno pue muchá, un deportista más, un policía menos.

El clavo estuvo en la celebración del gol, el fulano no sabía que en las gradas estaba un pretendiente de La Colocha, lo que sí sabía, era que el lugar no se prestaba para andarle tentando el culo al diablo, aún y con eso, no se quedó con la gana de darle un beso a la aficionada; ya después —vos sabés lo que pasó, el cuento es triste — el equipo se vino abajo y ahora solo para hacer vigilias o conciertos usan el estadio.

Hay que tener cuidado, las mujeres ni ellas saben que tienen dueño y aquí siempre ha sido así. De repente aparece un patojo y se enamora de una muchacha, pero claro está que si es bonita ya está apartada y el que no conoce o piensa que por ser capitalino va a venir a mandar aquí, está bien pisado, aquí es jodido, da no sé qué ver después a los tatas de los patojos buscando el cuerpo y qué van hallar si con todo y carro los desaparecen, lo más saludable es andar siempre cauto y no llevársela del Capitán América.

Yo por ejemplo ahorita buscando a un muchacho que iba para Estados Unidos estoy y no aparece, ya le di vuelta al pueblo preguntando y nada, por eso les conté a los papás aquello para que no se hagan ilusiones y se vayan preparando para cualquier impresión fuerte; vemos que hay varios grupos de jóvenes jugando baloncesto en distintos lugares y que las canastas son similares,(tubo, tonel, tablero y aro). Lo que sí me da qué pensar  es que sean del mismo tipo de donante y lleven el mismo proceso de fabricación.

A la cuarta vuelta que le dimos al pueblo la mamá del desaparecido me preguntó por qué la mayoría de las paredes del lugar tenían la leyenda “Negro con sida”, yo solo pude  contestar un: Complicado ese tema usté, pero a huevos que esa es otra historia.

Fotografía de Javier Herrera

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