Ojalá y todos los días fueran Navidad

 

Navidad, Navidad. Hoy es Navidad. Es un día de alegría y felicidad; dice la canción. Para esta época los villancicos suenan en cada esquina, los ponen para que a la mara le entre el espíritu.

Fotografía de Fernando Chuy

 

 

 

 

¿Y a quien no le gusta la Navidad muchá? Hasta se respiran otros aires (jajá que mamón), pero en serio a la gente que no le gusta la Navidad es porque son unos amargados. Pero ¿Qué es el espíritu navideño? Bueno, pregunta tonta, mejor preguntemos ¿Cuándo empieza?

El espíritu navideño, indiscutiblemente comienza en cuando se termina el fiambre. Ahí la mara empieza a calentar motores, los comerciales empiezan a poner “ofertas”, y llega el mero mes del cumpleaños de Jesusito y ¡fuaaaaaaz! ¡Pagan el aguinaldo papaaaaá! Hora de poner los nacimientos. ¿Y qué putas con esos nacimientos que no guardan ninguna escala? Las figuras de José y Maria así chiquitías y el niño Dios es un muñecote todo grandote que físicamente hubiera matado a Maria en un parto natural. Pero el espíritu navideño en su máximo fulgor es únicamente en diciembre. La mara espera con ansias y nostalgia que llegue el día 24 desde que comienza el primero de diciembre.

Pero este espíritu tan feo y lindo a la vez en donde hay una noche de paz, noche de amor y todos duermen alrededor, dura solo un mes (bueno, tal vez dura 26 días, ni siquiera el mes completo) y eso es porque nosotros como humanos no tenemos la capacidad para ser ñoños, felices,  acaramelados y optimistas por períodos prolongados.

Piénsenlo mis amics, en diciembre la mara esta contenta porque tiene su aguinaldo y tiene esas varas extra para salir a chingar, para comprarse cosas, para ponerse a verga, hay convivios y chupivios. Tal vez la respuesta es que para ser más felices, acaramelados y optimistas necesitamos ganar mas ficha siempre. Ya vieron que todos nos muleamos al no votar por Baldizón, porque ahí tendríamos nuestro añorado Bono 15.

Pero el poder del espíritu navideño también está en que se evoca fuertemente a la nostalgia de la niñez y de los miembros (uyy) familiares que ya no están con nosotros. Las guerras de canchinflines, los regalos que uno abría cuando era chavito, etc., etc., etcétera. Y recordar es volver a vivir, pero uno nunca quiere vivir recordando ¿Será que eso quiere decir que uno no quiere vivir, sino que lo que quiere es terminar de recordar para poder olvidar y entonces finalmente morir? Habría que preguntarle a Arjona y a Coelho, pero nomás termina diciembre, a la berch todo.

¿Y qué viene después de diciembre? Colegios, inscripciones, útiles, universidad, regresar al trabajo, darse cuenta todo lo que engordaste en menos de un mes, el estado de cuenta de las tarjetas de crédito y decir: ¡Jueputa!, terminarse el vergo de tamales que hay en la refri y ahí uno ya dice Ayy que hueva otro tamal, peeero uno no dice eso para el mero 24. Y eso es porque ya pasado diciembre vale BEEEEEEEEERRGAAAAA el espíritu navideño.

Entonces muchá, les hago el llamado a la reflexión de que cuando escuchen los villancicos le pongan atención a la letra y se den cuenta que son cancioncitas idiotas, llenas de ridiculeces, que tiene más sentido la Navidad si ti de los Bukis; que hoy cuando le den el abrazo a sus seres queridos y no queridos sonrían y piensen que pronto ya va a terminar, pero sobre todo que cuando escuchen a alguien decir Ojalá y todos los días fuera como navidad…, ustedes digan ¡Ni verga!

Los quiero mucho, dios los bendiga, xoxo, bendiciones de la gran diabla para todos y todes.

Fotografía de Fernando Chuy

 

 

 

 

 

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