Parasite: tres planos sobre la sociedad capitalista

La temporada de premios oficialmente ha concluido y en estos momentos las repisas de la sala de estar de Bong Joon-ho se encuentran saturadas de galardones, entre ellos la distinguida Palma de Oro a mejor película y el codiciado Oscar en la misma categoría. Y no era para menos, el trabajo del sur coreano no solo fue el mejor del 2019, sino también uno de los mejores filmes de la década.

El éxito de la cinta no solo se debe a su composición formal y a su estructura narrativa de fácil digestión, llena de recorridos vertiginosos, tonos, curvas cerradas, ascensos y bajadas súbitas, como bien advirtió la crítica de Fernando Solórzano (2020), sino primordialmente a su tratamiento de una sociedad dividida en clases y, por ello mismo, a su carácter brechtiano.

Si algo caracteriza a la nueva ola del cine sur coreano, más conocida como Hallyuwood, es la puesta en escena de historias incómodas, inquietantes y políticamente incorrectas, como lo fueron en su momento Old Boy de Park Chan-wook (2003) y Burning (2018) de Lee Chang-dong. Parasite, por su parte, no se queda atrás; la película de Bong Joon-ho no deja indiferente a nadie y toca temas sensibles que una sociedad dividida en clases prefiere mantener debajo de la alfombra. Ya lo dice el dicho, “los trapitos sucios se lavan en casa”.

El filme retrata las dos caras de una sociedad dividida tajantemente entre explotados y explotadores, entre la opulencia y la miseria, etc. Bong se sirve de este ir y venir de realidades dicotómicas (más no desvinculadas) para entretejer una metáfora de la sociedad capitalista, su estructura de desigualdad y su sistema de creencias que lejos de lograr una verdadera transformación sistémica, lo reproduce en cada acto.

Resultaría una empresa imposible realizar un profundo análisis de cada matiz sociológico de Parasite, razón por la cual me propongo rescatar aquí solo tres planos de la película. Planos que me servirán para desmenuzar, en base al discurso de la cinta, elementos fundantes de la sociedad capitalista, como la ideología, los intereses materiales antagónicos y la tolerancia. Sin más dilaciones, comencemos.

La ideología

Me parece adecuado iniciar por la piedra angular del sistema capitalista, me refiero a la ideología. Por ideología entendemos el conjunto de ideas, creencias, discursos, políticas y valores de la clase dominante que es impuesto como un orden natural a las clases oprimidas, con el fin de que éstas últimas legitimen y naturalicen un orden social que les es opresivo y que al mismo tiempo les impide tomar consciencia de sus propios intereses de clase (Eagleton, 1943). Pues como bien lo decía Marx, “las ideas rectoras de cada época siempre han sido las ideas de la clase opresora”.

Por esta razón, tanto Marx como el rockstar de los filósofos, hablo de Zizek (2008), sostienen que la ideología promueve ideas falsas que crean en los sujetos “falsas conciencias” sobre sí mismos y su realidad, es una visión de túnel que impide ver la totalidad de las relaciones sociales y que vela el hecho de que vivimos en un mundo configurado por la lógica de la acumulación y explotación, en el que hasta nuestros más íntimos deseos están regidos por el “tener” y no por el ser.  Comprar, usar y tirar parece ser la máxima que rige nuestras vidas.

Zizek (2008) agrega que toda hegemonía ideológica debe recoger el conflicto entre dos contenidos particulares: 1) el popular, que expresa los íntimos anhelos de la mayoría oprimida; 2) el específico, que expresa los intereses de las fuerzas dominantes. De esta cuenta, Zizek se alza en contra de la idea de Marx, según la cuál las ideas dominantes son las ideas de la clase dominante; Zizek sugiere que, más bien, el manto de la ideología cubre toda la estructura de clases, de manera que las ideas dominantes nunca son directamente las ideas de la clase dominante.

Paradójicamente, la ideología no solo sirve para encadenar al oprimido, sino también para hacer de su realidad inhabitable una realidad habitable, hace vivible lo invivible, soportable lo insoportable (Lincopi, 2009), pero en la medida en que lo hace, aprieta aún más los grilletes del oprimido y por ende le impide transformar su realidad. En suma, la ideología es la morada del individuo en la modernidad tardía, pero también es su cárcel, su epicentro de opresión.

…la ideología altera la manera en que percibís la realidad como lo harían unas gafas de sol.

Para explicar mejor esta idea, recurriré a la clásica metáfora de las gafas de sol. Diré entonces que la ideología te altera la manera en la que percibís la realidad como lo harían unas gafas de sol. Así, por ejemplo, cuando te la llevas de rex y salís a la calle con gafas, digamos, de color rosado y en forma de corazón, como las de Bad Bunny, ves el mundo color de rosa, todo te resulta más de awebo y “tolerable”, sin importar que tu mundo se este cayendo a pedazos.

En la película, la ideología queda materializada en ese sublime objeto (la roca de erudito) que Min le obsequia a Ki-woo, cuyas propiedades en teoría traerían riqueza material a la familia. Podemos interpretar este símbolo como la realización “fantástica” de la familia Kim. Pues una de las trampas mortales de la ideología es precisamente esa, la falsa e ilusoria promesa de un futuro mejor por obra y gracia de la divina providencia.

La roca de erudito es utilizada por Bong en numerosos planos para representar como la ideología nos aleja de la realización objetiva de nuestra realidad, pues nos hace aferrarnos a ideas fantásticas e ilusorias, como la idea de llegar a ser ricos, de tener un auto de lujo y una mansión, aun sabiendo que nunca lo lograremos y que probablemente moriremos en el intento, como Ki-woo, quien casi muere al ser golpeado por la roca; acto simbólico con el cual el director sur coreano nos muestra la peligrosidad de aferrarnos a falsas promesas. La moraleja parece ser que las clases bajas viven reproduciendo las ideas de la clase opresora al punto de que, en lugar de defender sus intereses, terminan defendiendo los ajenos en detrimento de los de su propia clase.

El plano que nos ocupa es un plano subjetivo de Ki-woo sacando de las aguas pluviales la roca de erudito, como si de eso dependiera su vida, sin importarle que todo su mundo se estuviera hundiendo entre la mierda (literalmente). El tipo de plano elegido por Bong Joon-hoo no es casual, con el nos quiere decir que, al igual de que Ki-woo, nosotros nos aferramos a falsas promesas mientras nuestra realidad esta de cabeza, de allí que haya elegido un plano subjetivo, pues este tipo de plano inmiscuye nuestro punto de vista con el del personaje, nos hace ver la escena a través de los ojos de alguien y al mismo tiempo nos hace creer que ese alguien somos nosotros.

Los intereses materiales antagónicos

En una sociedad divida en clases, como la capitalista, inevitablemente “el bienestar material (económico) de un grupo de gente depende de las privaciones materiales de otros” (Wright, 1995). En otras palabras, para que una familia como los Park pueda tener un hogar en donde hasta la forma en la que incide el calorcito del sol fue planificada, miles de familias sur coreanas tienen que vivir en una “banjiha” (subsótano), en donde el calorcito del sol no llega.

En el capitalismo el pastel no alcanza para todos, aunque la ideología nos dice que trabajando duro podremos comprarnos un pedacito de pastel. Lo que no nos dice es que el pastel no es lo suficientemente grande para que todos podamos optar a una rebanada. Por esta razón, en la sociedad capitalista existe una relación de interdependencia y antagonismo entre las clases que componen su estructura. De interdependencia porque el rico necesita del pobre para ser rico y el pobre del rico para no morirse de hambre; antagónica porque para tener un pedacito de pastel, alguien se lo tiene que arrebatar a alguien más, como la familia Kim a los trabajadores de los Park.

Esto significa en términos más concretos que el crecimiento de la acumulación del capital (de la riqueza) implica inevitablemente el crecimiento de la desigualdad (pobreza), debido a que, como vimos, el bienestar material de un grupo social depende de las privaciones materiales de otros, lo que implica la exclusión del afectado del acceso a ciertos recursos materiales. Esto es particularmente ostensible en países en donde las oligarquías dirigen la actividad económica de una nación, como en Guatemala, cuyas tasas de riqueza y de pobreza se encuentra entre las más altas del continente.

En el plano que nos ocupa, Moon-gwang (ex ama de llaves) regresa a casa de los Park para rescatar a su esposo que se encuentra en el sótano de la mansión. Por azares del destino, se entera que los nuevos trabajadores en realidad son una familia de “impostores”. Lo que vemos es el preciso momento en el que Moon-gwang amenaza, luego de una breve pugna entre los implicados, a la familia Kim con enviarle una fotografía a la Sra. Park, lo cual relevaría la identidad de los Kim y significaría que Moon-gwang podría recuperar su empleo y con ello seguir atendiendo a su esposo como de costumbre.

Dicho de una manera un poco más teórica, el plano nos ilustra lo que discutimos líneas arriba: “el bienestar económico de un grupo depende de las privaciones económicas de otro”. De igual manera, parece decirnos que en el capitalismo las clases más bajas vivimos en un perpetuo “sálvense quien pueda”, atropellándonos unos a los otros, como en una olla de cangrejos, en lugar de organizarnos de acuerdo a los intereses que compartimos para arrebatarle un trocito de pastel a las clases dominantes o, mejor aún, para lograr una transformación sistémica en la que todos quepamos.

La tolerancia

Por último, me gustaría centrarme en un plano que refleja una de las ideas centrales del establishment liberal y que se repite continuamente en la película. Me refiero a la idea de la ética de la “tolerancia”, que no es más que, como bien apunta Zizek (2008), indiferencia y odio regulado que nos hace “vivir-pesar-a” las diferencias y no “vivir-con” las diferencias, lo que deviene en una imposibilidad de admitir que algo está mal, puesto que el “respeto” por la especificidad del Otro no es sino la afirmación de la propia superioridad.

En concreto, la idea de la tolerancia nos dice que hay que aceptar todo aquello que provenga de afuera y que sea “extraño” u “exótico”, siempre y cuando no se inmiscuya en mis asuntos personales y no se acerque demasiado. ¡Que viva la comunidad LGTBI y los pueblos indígenas!, decimos, siempre y cuando no interfieran en mi vida y no hagan peticiones de reconocimiento político. La “tolerancia” termina en donde comienzo yo.

En esta ética de la tolerancia, nos dice Zizek, estoy dispuesto a amar al prójimo… siempre y cuando no “huela” demasiado mal. En efecto, sostiene Zizek, el principal demarcador de una clase popular de una clase media o alta es el olor. Para las clases medias, dice Zizek, las clases bajan huelen. Y si “huelen”, entonces no son mis prójimos y pase lo que pase con ellos no tiene importancia para mí, como sucede con la familia Park, que no solo se quejan del olor de los Kim, sino que además ignoran por completo la vida de los otros. «Por eso los desodorantes y jabones son tan importantes hoy en día, hacen que los demás resulten mínimamente tolerables» (Zizek, 2008).

En la película, Bong Joo-hoo se encarga de darle voz a esta idea del discurso liberal por medio del discurso de la familia Park. La idea de la tolerancia no solo se encuentra en el olor, sino también en la imagen que vende de sí misma la familia Park: “young and simple”, amable y de “buenos principios”, como el de pagarle de acuerdo a la inflación a sus trabajadores. Aunque eso sí, los Park podrán ser “buenos patrones”, siempre y cuando los empleados no “crucen la línea” y siempre y cuando la realidad de esto no tenga nada que ver con la suya:

Por eso, es fácil amar la figura idealizada de un prójimo pobre e indefenso, el hambriento africano o indio, por ejemplo; en otras palabras, es fácil amar al prójimo mientras este se encuentra suficientemente lejos de nosotros, mientras existe una distancia conveniente que nos separa. El problema se plantea en el momento en que se nos acerca demasiado, cuando comenzamos a sentir su sofocante proximidad: en este momento en que el prójimo se nos revela en demasía, el amor puede convertirse súbitamente en odio.

(Zizek, 2013)

En ese sentido, el plano que analizamos puede entenderse como una metáfora de la “tolerancia”. Lo que vemos es al Sr. Park vestido de piel roja (travestismo étnico) tapándose la nariz a causa del olor del “fantasma del sótano”, Geun-Sae, mientras recoge las llaves de su vehículo que al mismo tiempo representan la llave para escapar del prójimo, de la “peligrosidad” de la proximidad del prójimo y su olor, sus penas y sufrimiento.

Para terminar, me gustaría problematizar y plantear algunas preguntas sobre el título de la película que nos ocupa. Sí hay algo que no me gusta de Parasite es precisamente el nombre, pues su significado puede ser aplicado a cualquiera de las clases del guion: a los Kim que se aprovechan de la señal wifi de sus vecinos; a Geun-Sae que vive a costa de la familia Park; o a los mismos Park, que han construido su imperio en base al trabajo enajenado de los empleados de su empresa. Sin embargo, es preciso mencionar que no existen distintas clases “parasitarias”, sino solo una: los dueños de los medios de producción, dado que son los únicos que viven del trabajo no remunerado de la clase obrera.  

 

Referencias bibliográficas

Solorzano, F . (2020). Parasite: cuando el “buen cine” entretiene. 13/02/2020, de Letras Libres Sitio web: https://www.letraslibres.com/mexico/revista/parasite-cuando-el-buen-cine-entretiene

Eagleton, T. (1997). Ideología. Una introducción. Buenos Aires: Paidós

Zizek, S. (2008). En defensa de la intolerancia. Madrid: Sequitur.

Zizek, S. Alemán, J. & Rendueles, R. (2008). Arte, ideología y capitalismo. Madrid: Ediciones Pensamiento.

Zizek, S. (2013). ¡Goza tu síntoma! Jacques Lacan dentro y fuera de Hollywood. España: editorial Nueva Visión.

Wright, E. (1995). Análisis de clase. En Desigualdad y clases sociales. Un seminario entorno a Eric O. Wright (1-21). España: Fundación Argentaria.

 

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