Radio Imaginaria, frescura en un mundo de tedio

Había jurado no volver a hacer una reseña que no fuera sobre algo que no me gustara, por las enemistades que siempre desencadena esta actividad periodística, pero…

Claro que cuesta llegar a zona 9 desde Nimayork zona 21, pero no precisamente porque quede tan lejos (y sí queda lejos), sino por la hora y cuarto —en este caso concreto— u otro lapso indefinido, que tarda en llegar el mentado transyúrbanait.

trans

Denuncio públicamente que se invierten más recursos del Estado en hacer desalojos de vendedores ambulantes para placer de las capas medias aspiracionales y demás paseantes indiferentes ante la realidad del país, que para lograr un mínimo de eficacia en cosas importantes como el transporte público. Vi a un matrimonio precoz pagar 40 quetzales de taxi para trasladarse hasta el Obelisco, con una bebé en brazos; yo esperé (ya como la gran puta, por cierto) diez minutos más y al fin pasó la burra, otros 45 minutos para llegar al destino y luego atravesé el Obelisco a patín y me fui a velocidad de asaltante por la 7ma hasta llegar a la 13 calle de la zona 9, Teatro La Cúpula, escenario casi íntimo en el que se llevaría a cabo la presentación del primer disco de El Güero.

Iba con media hora de retraso, por eso me cagué de la risa cuando el propio Güero dijo que buena onda por la comprensión pues hubo varia gente llamando para ver si podían esperarles un cacho y que por favor no fueran a empezar sin ellos, o sea, el problema de congestionamiento vehicular en la metrópoli está tan de la chingada que si uno quiere escuchar en vivo al Güero, hay que salir con mínimo tres horas de anticipación desde donde quiera que estés. Malestares sociales aparte, al entrar a La Cúpula saludé a Majano y a otros poetas de menor envergadura (permítaseme la tomadura de pelo), luego a Valdés quien empezó a relatar a Majano no sé qué reclamo personal sobre la iluminación del evento, el cual resolvería mucho más tarde en pleno áfter,  de la forma más directa, civilizada y hasta fraternal con el parcerito Petz, encargado consuetudinario de las luces, otorgando al final el cincuenta por ciento de la razón a Petz, porque así es Valdés, qué le vamos a hacer.

first-one

El Güero. Fotografía de Elí Orozco

Siempre se me reclama que mis reseñas se pierden en menciones sobre amistades y divagaciones de cualquier tipo. Esto se debe generalmente a que no me gusta hacer reseñas, ni intento parecer crítico musical, ni quiero hacer afirmaciones descriptivas a lo Jorge Sierra, pero esta vez dichas menciones son de una prioridad justificable porque El Güero representa a un universo condensado de interacciones culturales de la contemporaneidad, o sea que La Cúpula daba ese toque intimista en el que estaba toda la gente que tenía que estar, ¿me explico?

Quiero decir, no siempre convencés a Pedroza de atravesar la zona 1 en virula para ir a zamparse a un recinto en zona 9 y escuchar al cantautor del momento. Hay en el proyecto de El Güero un sortilegio de autenticidad, que sobresale por encima de la mixtura de ritmos populares estadounidenses presentes en su música, una autenticidad que es correspondida por la lealtad de un público privilegiado con el don de la autocrítica y el desvelo nocturno. Pero estas son suposiciones y quizás convenga no hacerme caso…

2

Fotografía de Elí Orozco

3

Fotografía de Elí Orozco

En toda presentación exitosa, se corre el riesgo de que el artista cobre una fama inusitada y el público pase a alimentarlo sistemáticamente con el halago fácil, cosa beneficiosa siempre y cuando el artista en cuestión sea del tipo conformista y mediocre. Lo más decepcionante sería que luego el artista intentara una búsqueda artificial de autenticidad  o devanarse en el conformismo más ordinario. Lograr un equilibrio innovador es la tarea de los artistas comprometidos con su arte, y por lo tanto, la tarea de El Güero después de esta experiencia. Desde mi humilde opinión diré que el contenido de las canciones de El Güero va a mitad del camino de lograr algo más ambicioso, considerando que no se puede dudar de la intuición musical del artista, de su energía y su compromiso consigo mismo. De todas formas en toda exploración poética es bueno quedarse siempre a mitad del camino; lo trágico sería que en un arranque de inspiración uno abriera el umbral hacia el prado donde relincha el unicornio, porque si estos animales se refugian en la fantasía humana es por algo. A veces resulta coherente abandonar el relato espiritual y concentrarse en cosas más sanguíneas, como quien dice, hacer del choque de unas piedras una pequeña odisea antes inadvertida por los mortales.

img_1292

Fotografía de don Elí “El prestamista” Orozco

La presentación hizo gala de grandes músicos con los que se grabó el proyecto, y podrían hacerse observaciones técnicas que a la larga no tendrían mayor importancia, pero escuchar cantar en solitario al Güero una canción en proceso, me recordó que no siempre se necesita tener un gran arreglo orquestal detrás para hacer un tema espectacular. Aunque la técnica y los tiempos cambien, lo único que necesita un cantautor real es su instrumento, su voz y a la poesía, nada más.

En fin, había jurado no volver a hacer una reseña que no fuera sobre algo que no me gustara, por las enemistades que siempre desencadena esta actividad periodística, y de hecho fui al concierto del Güero sin ninguna prerrogativa profesional, y sí más bien en plan divertimento. Pero qué puedo hacer si me gusta la música de ánimo jazzístico, el blues, el folk y el rocanrol. Y qué puedo hacer si la Radio Imaginaria es una propuesta fresca en medio de un mundo de tedio.

Hay algunos detalles que vale la pena contar: coreografía de fiesta de quince años por parte de la sección de vientos, sonido que se fue ajustando hasta lo correcto, iluminación divorciada de la sustancia de las rolas y un coctel no apto para diabéticos.  En fin, ¡hasta la victoria secret!

img_1340

Fotografía de Elí Orozco

Para escuchar al Güero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *