Resistir, pero no dejar de bailar

Las noticias sobre lugares en conflicto de las cadenas internacionales rara vez resaltan el elemento humano. Retratar fielmente a Palestina, me parece una tarea difícil.

Palestina

Niñas salen de clases en el Campamento de refugiados Aida en Belén (El campamento fue formado en 1948). Fotografía de Gustavo García Solares

Conecté con el lugar, las historias y la injusticia. De alguna forma haber estado allí me pegó en el centro. De repente también ayuda haber estado en muchos de los lugares que alguna vez escuché en la catequesis o algún tipo de presencia de sangre árabe en mi inexplicable torrente sanguíneo mestizo. Esta vez, mi cara pasa desapercibida. Mi barba nunca había sido tan útil para una misión de incógnito. Me abre la oportunidad de vivir la experiencia sin sentir muchos ojos sobre mí. Solo me delata la cara de perdido cuando me hablan en árabe.

Centro de la ciudad de Belén, Palestina, West Bank. Fotografía de Gustavo García Solares

El viaje se vincula con mi trabajo, y siempre tengo la suerte de poder pasar el tiempo con amigos locales. Aprovecho a hacerles preguntas sin parar. En esta ocasión la complejidad del asunto requiere muchas respuestas y paciencia. Esto eleva mi experiencia a algo que se aleja totalmente del turismo a la “tierra santa”. Encuentro la rutina. Acompaño a un amigo a comprar muebles, agarro el hábito de fumar shisha con sabor a sandía a diario y juego PlayStation en un club después de la jornada.

El lugar me atrapa, me hace sentir de una manera extraña, cómodo. Me sonríe.

Palestina, estudiantes

Estudiantes beduinos de Khan Al-Ahmar salen de clases. La escuela se encuentra bajo amenaza de demolición por parte de las fuerzas armadas israelís. Fotografía de Gustavo García Solares

[envira-gallery id=”15001″]

Una ocupación evidente

La ocupación israelí en el West Bank es explícita. El muro presente. La división e intimidación latente, psicológica, calculada. El proyecto de creación de un Estado, todas sus estrategias y sus consecuencias, fáciles de encontrar.

El éxodo obligatorio de 1948 y el 64. Familias obligadas a regarse por todo el mundo; un buen grupo en Guatemala, me enteré. La condición de refugiados es parte de la identidad y continúa vigente tres generaciones después. La llave del regreso, uno de los símbolos más importantes de la resistencia.

[envira-gallery id=”15028″]

Y es que la vida continúa. Nadie ha parado. Los niños en las escuelas siguen saliendo al recreo, los jóvenes en las universidades siguen escribiendo ensayos, los restaurantes siguen vendiendo deliciosa comida, la gente sigue riendo y a mí no me queda nada más que conmoverme. ¿Y cómo no? Si esta gente tiene más dignidad que cualquier muro.

Palestina

Fotografía de Gustavo García Solares

Si algo me enseñó Palestina es a resistir, pero no dejar de bailar.

 

 

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *