Roma, en su función más alta el cine es la memoria

Deme el nombre completo de su familiar.
— Cleodegaria Gutiérrez.
— Okey. ¿Gutiérrez qué?
— No sé, señorita.
— ¿Cuántos años tiene?
— No sé, no sé nada.
— ¿Recuerda su fecha de nacimiento?
— No, no.
— ¿Usted qué parentesco tiene con la paciente?
— Soy su patrona.
                                                                

Diálogo de Roma.

Netflix, cine mexicano.

La película se estrenó en el Festival Internacional de Cine de Venecia el 30 de agosto de 2018, donde ganó el León de Oro.

Roma se estrenó en Netflix el viernes 14 de diciembre y desde entonces he estado una semana pensando qué escribir al respecto, he hecho un listado de temas que van desde el servicio doméstico y el clasismo hasta la desigualdad y el feminismo como una cuestión de clases.

Vi la película una segunda vez y mi listado de temas aumentó, así que al final decidí enfocarme en un punto más personal, que es el resultado de todo el revuelo mundial que ha causado la película, porque Roma es muchas cosas, pero principalmente es una: la consagración de Alfonso Cuarón como creador.

No es que no supiéramos ya sobre el virtuosismo del director mexicano, demostrado en películas como Los hijos del hombre y Gravity, su obra más aclamada que culminó con un Oscar a Mejor Director. Lo sabíamos, pero Roma es algo más, es la que considero la prueba de fuego para cualquier creador que quiera trascender en el tiempo: la inmersión personal para buscar entre los escombros de la memoria un trozo de vida que pase a formar parte de la vida de los demás.

Mis palabras pueden parecer una descripción poética que se queda vacía, o mejor dicho en buen mexicano: mamonas. Pero tal vez se comprendan mejor acompañadas de las palabras de Cesar Fajardo, un analista de cine: «Las grandes películas no son en las que sales hablando sobre la fotografía, la dirección, las actuaciones o la música; las grandes películas son en las que sales hablando sobre ti». Es por eso que el mundo se ha rendido a los pies de Cuarón, porque después de alabar la poesía que hay en cada encuadre fotográfico, el hermoso blanco y negro y los movimientos de cámara, las pláticas más largas se centran en uno o varios de los temas en los que nos ha hecho pensar y sentir el pedazo de realidad que Cuarón ha puesto frente a nuestros ojos.

Roma, cine, Netflix

La película narra un año en la vida de una familia de clase media en la colonia Roma de la Ciudad de México a principios de los años setenta.

A simple vista, especialmente para quienes critican a la película de ser aburrida o de no ser “para tanto”, una superproducción de Hollywood puede ser una película más difícil de lograr que Roma, pues deslumbra más la magnitud impresionante de los efectos especiales y las coreografías de batallas gigantescas, que una historia en blanco y negro sobre una empleada doméstica y su cotidianidad en una familia de clase media en el México de 1970. Pero esto es solo un reflejo de nuestra sociedad que vive hambrienta de entretenimiento y que huye despavorida de la desnudez a la que nos expone la reflexión, son puntos de vista que nos sirven más para analizar a quien critica que a la película criticada.

No hay nada más difícil en cualquier manifestación del arte, que retratar la vida, la infinita cantidad de elementos complejos que la componen se nos muestran como un todo simple, pero basta con enfocarse en un solo elemento para descubrir que se descompone en muchos elementos más, la línea que divide lo simple y lo complejo está a un solo paso de la observación. Retratar todos esos mundos hasta volver a formar un trozo de simplicidad que represente la vida es una tarea titánica en la que innumerables artistas han fracasado y por lo cual ya no muchos lo intentan. Por algo Guillermo del Toro dijo al presentar Roma en Nueva York que “en su función más alta, el cine es la memoria”. Y a todo eso debemos sumarle que no es lo que el mercado consume y por lo tanto es también difícil de vender.

¿Y qué necesidad tiene un director tan aclamado como Alfonso Cuarón de hacer un viaje interno que implica un complejo análisis de su condición familiar de clase? ¿Qué necesidad tiene de cuestionar sus privilegios económicos frente a la precariedad de los indígenas? ¿Qué necesidad puede tener alguien que ha dirigido una película de Harry Potter de hacer otra dedicada a la empleada doméstica de su familia?

Cine, Netflix

Roma fue seleccionada para representar a México en la categoría de Mejor película de habla no inglesa, en la edición 91 de los Premios Oscar.

Estamos ante la madurez de un creador que ya ha alcanzado el éxito en su rama, pero mantiene viva la necesidad de diseccionarse a través de su capacidad creadora, de simbolizarse a él y a su realidad a través de los aviones que se marchan siempre, del fuego que consume los árboles como la melancolía consume a la gente, del niño que juega a ser astronauta con su disfraz completo mientras otro solo tiene una cubeta, del polvo y la suciedad que abrazan la realidad de los otros, pero también de la excesiva mierda de perro que mancha la pulcritud de los suyos.

 

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