Seguimos en esta lucha, que no es mucha pero es lucha

Fotografía de David Toro

En estas fechas donde los sentimientos andan a flor de piel. Un día no tan esperado para todos. Unos por no decirles mulas (aunque lo sean) y otros porque seguimos en esta lucha, que no es mucha pero es lucha. Una persona a la que aprecio me iba a dar una flor y me dijo que por ser “mi día”, me daba un regalo. Yo con dos o tres cosas le expresé mi descontento, así que me quedé sin flor y sin regalo y pues a mí me gustan las flores y a quién no los regalos.

Debido a este acontecimiento se me vino a la imaginación este regalo. Me pregunté: ¿Qué es lo que más quisiera tener en este día? Se me vinieron muchas injusticias y deseos a la mente, pero la que hoy les cuento es la siguiente: Para ser bien individualista y no hablar pajas, sería que me dejaran poder ser un solo día como realmente lo deseo. Y mi imaginación empezó a maquinar un día siendo hombre. Sé exactamente lo que haría …

A la hora de levantarme me daría igual ver ciertos órganos más visibles que otros. Igual intentaría orinar sentada pues no quisiera perder mucho tiempo y pues sentada es como lo he hecho toda mi vida. A huevos que me bañaría y haría casi todas las babosadas que hago ahora, pero eso sí, no les prestaría atención a las mil cremas que te venden para no envejecer o a tanto maquillaje. Al momento de vestirme me pondría una camisa sin mangas, pues me gustan mucho, y unos shorts así de basquetbolista y aunque se me vieran los pelos de los sobacos y las patas no me importaría. No me pondría chanclas por aquello de los pijazos pues si se presentara la ocasión ahora ya no tendría que esconderme sino pues alzar pecho.

Saldría de mi casa y a propósito pasaría por las obras de trabajo, donde están los albañiles que tanto evitamos. Pasaría delante de ellos para ver cómo se siente no ser acosado ni que te estén viendo el culo a cada paso que das, no porque esté como el de Jennifer López sino porque se sienten con el poder de hacerlo. No me engasaría en buscar muchas obras porque me alejo de mi objetivo y además el partido es a las 11:00 a.m. así que aceleraría el paso para llegar a tiempo. Iría justamente al lugar donde hacen las mejores carnitas de la capirucha, pero no digo su nombre para no hacerlos más famosos.

Me sentaría solo. Pediría un jugo preparado con una oferta de la más cara porque el día lo amerita, aunque después me pase a la chafa por falta de varas. Pediría un ceviche de a la par y de paso una mojarra (eso sería solo la entrada para hacer un poco de base) pues hoy no tendría que estar con las putas culpas de la tragazón. Porque, aunque a veces anden ahí diciendo “acepta tu cuerpo tal y como eres”, ellas son las primeras que no han ni cenado el día anterior para verse enclenques. Aquí vendría lo bueno: antes del partido a huevos mi libra de carnitas porque ando inspirado y otra oferta. Llenaría mi vaso y le diría ¡Salú! al compita que está en la otra mesa. Él respondería levantando cordialmente su vaso y me preguntaría a quién le voy. Por primera vez mi voz tendría peso y acá empezaría una plática larga de argumentos sobre el porqué él le va a los blancos y yo a los rayados. Debatiríamos con jugadas del pasado que hemos visto antes y cada vez que le tirara un comentario él me escucharía, ¡ESCUCHARÍA! Me debatiría o me diría algo así como ahí si me pisaste vos.

Aunque sea lea medio mamón, cada vez que en el pasado hemos ido a algún bar con amigos que ni les gusta el fut y van solo por la chingadera, cada vez que hay más gente viendo el partido se dirigían a ellos para los comentarios y si yo me atrevo a dar mi punto de vista con argumentos validos: siempre ni vista ni escuchada. Pero este día nel, este día podría por fin debatir y hablar babosadas con el compa de a la par. No seríamos los mejores amigos pues yo más preferiría estar solo.

Tipo 9 de la noche llamaría a cualquier cerote que el teléfono me ayudara a marcar, pues la visión estaría ya algo difuminada. Solo necesitaría jalón a mi siguiente destino, pero no tendría miedo de llamar a cualquier man, miedo a ser manoseada ni pasarse de “listo” solo por verme en ese estado. No llamaría a mis meros compas porque este día lo quiero pasar solo y qué hueva andar explicando todo el rollo.

Pediría que me dejasen ahí por la zona 1, en unas de esas cantinas de mil amores. De nuevo me sentaría solo y seguiría así hasta que alguien me moviera y me dijera: ¡Vos, vos, ya nos están echando de esta mierda! No me quedaría ahí esperando a que cierren la persiana para seguir tomando toda la noche. Sino que saldría y vagaría así del tingo al tango hasta el amanecer, sorteando ciertos desafíos que la noche nos ofrece, pero hoy es mi día y arriesgaría las últimas varas que tengo para darle la vuelta al día.

Al entrar la mañana, me despertarían las ganas de vomitar o de mear. No las manos de un cerote bajándome el calzón; y si fuese así, tendría las fuerzas necesarias para defenderme (ahora entienden por qué me puse tenis). O quizá despertaría tirado en mi cama haciendo el recuento de cómo sobreviví ese día solo, y cómo llegué bien a pija a mi casa, SOLO. Sin miedo a ver mi ropa interior manchada porque hubo alguien que me hizo algo que yo no deseaba.

La verdad es que nunca voy a ser así, ni lo voy a poder hacer, solo me queda imaginar y seguir buscando esos espacios seguros para disfrutar de las alegrías e historias que nos dejan esas noches sin fin. Y tal vez algún día, yo ya no, y no por vieja sino porque después de un six el riñón derecho me regaña por tres días. Pero tal vez por las que vienen, quizá algún día las mujeres tengan la dicha de echarse unos refrescos y tener ese deleite que todos alguna vez merecemos, pero pocos somos afortunados de tener.

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