Tag: narración

El hombre que le vendió el culo al diablo

La rutina iba desdibujando profundamente nuestra propia vida. Cuando acepté el contrato, ellos sugirieron cambiar mi dirección y hasta mi carrera universitaria, me asignaron un nombre y un apellido, me fue impuesta una identidad ficticia.

Remembranza maratónica

Salgo de casa luego de repasar durante tres horas las infinitas posibilidades que eventualmente se redujeron al dilema de ir a caminar por las calles del centro capitalino o quedarme en la cama viendo el maratón de Woody Allen en Infinito.

Como un dios en Tegucigalpa

Uno echa los brazos atrás, sobre las bancas de madera y deja que la brisa que se precipita desde El Picacho le acaricie la cara (ciertamente, a los humanos nos gusta que nos sirvan, pero muchas veces no servimos para devolver esos favores, esos servicios).

Los tenis del Tishas

Corren los años setenta. Indiferentes a la música, la política y el terror que vivía Guatemala, nosotros éramos una palomilla de patojos de barrio chingonasos y nuestro campo de operaciones era la 30 calle de la populosa zona 8.

Los relojes

o sé cuántos relojes tenían los mayas o si podían saber la hora solo con ver la posición del sol, pero hay días en los que me gustaría calcular el tiempo de la misma manera como lo hacían mis antepasados.

Eleuterio Chacón, el rey de los caminos

En los recorridos en el bus había estado a punto de perder la vida en numerosas ocasiones: asaltos, peleas a muerte en la carretera con otros transportistas, accidentes de tránsito, etc. Ahora lo estaban extorsionando como a otros pilotos…

El brujo de la cuadra

La madera de las casas de la cuadra quedó tronando toda la noche, parecía que alguien tocaba las puertas, los muebles, los tapancos. Después de eso nuestros papás no nos dejaron salir por varios meses, todos nos negábamos a pasar por ahí.

Una goma pal´  recuerdo 

Pasaron doce años para volver, todo ese tiempo pasó para que mis pies volvieran a hundirse en la arena de la playa de Las Lisas, de repente un montón de recuerdos venían a mi mente. En esa época cada Semana Santa fui invitado por mi amigo Nery Rizo, un lugareño al que no le gustaba la vida del mar, por ello huyó a la ciudad, así nos conocimos.