Toda niña tiene derecho a vivir una vida libre de violencia

El 11 de octubre se conmemoró el Día Internacional de la Niña y nos parece importante recordar hoy algunos hechos que esta pandemia ha venido a poner al descubierto más que nunca, hechos que nos develan una sociedad y un Estado que poco o nada le interesa el bienestar de las niñas y adolescentes.

Fotografía de Esteban Biba

Según datos del Observatorio en Salud Sexual y Reproductiva (OSAR), de enero al 16 de septiembre del 2020 hubieron 77,847 embarazados en adolecentes entre 10 y 19 años de edad. Esta alarmante cifra visibiliza el hecho de que en Guatemala se necesita con urgencia una Educación Sexual Integral en donde lejos de fomentar tabúes o estereotipos de género se pueda hablar de una sexualidad sana, libre y consentida.

De enero a mayo de 2020, la OSAR registró 1,962 embarazos en niñas de 10 a 14 años, esta cifra devela que a estas niñas se les está negando el derecho a la salud, puesto que su vida está en riesgo por llevar a cabo un embarazo a temprana edad, además su integridad personal está siendo violada puesto cualquiera que fuera su proyecto de vida, este será interrumpido por llevar a cabo un embarazo y una maternidad forzada. Hago énfasis en que estos embarazos son claramente producto de una violación sexual, ya que como estipula la Ley contra la violencia sexual, explotación y trata de personas- Decreto 09-2009, cualquier persona que tuviere acceso de carácter sexual a una niña o niño menor de 14 años, está cometiendo violencia sexual. Esto se traduce a que estos 1,962 embarazos son producto de una violación sexual, en tanto una niña no está en capacidad de dar su consentimiento sobre una relación sexual, esta situación se da en el marco de una relación desigual de poder y por tanto un abuso del mismo. Es importante mencionar que muchas de estas violaciones se dan dentro del hogar, por parte de familiares o personas cercanas.

Fotografía de Linda Forsell.

La Educación Sexual Integral busca precisamente prevenir estos escenarios e informar a las niñas sobre sus derechos, comenzando con el ejercicio de una vida libre de violencia, en donde no dejemos que nadie se nos acerque con el fin de vulnerarnos, consideramos que en una sociedad en donde decir las palabras “vulva” o “pene” siga ocasionando vergüenza o la sexualidad siga siendo un tabú innombrable y pecaminoso, estos escenarios seguirán creciendo, como lo han venido haciendo en los últimos años.

El Estado es directamente responsable de esta violencia hacia las niñas, debido a que conoce los datos alarmantes de embarazos en niñas, y aun sabiendo que están tipificados como violencia sexual en la ley, se niega a hacer las averiguaciones correspondientes y se niega a proporcionar una reparación digna a las niñas y adolescentes que han sido vulneradas y violentadas.

Tanto los aparatos burocráticos como los funcionarios de Estado  han demostrado que no les interesa la salud y bienestar de las niñas y adolescentes guatemaltecas, ya que en 2018 ya no se le quiso dar seguimiento a la “Ley para la Protección Integral, Acceso a la Justicia, Reparación Digna y Transformadora a las Niñas y Adolescentes Víctimas de Violencia Sexual, Explotación Sexual y Trata de Personas” (iniciativa de ley 5376) en donde se proponía despenalizar y legalizar el aborto para las niñas y adolescentes de 14 años o menores de 14 años con el fin de garantizarles una vida digna y no forzarlas a una gestación forzosa producto de un abuso, este mecanismo funciona a modo de tortura para las víctimas de violencia sexual, debido al trauma que ya le causó a su vida el hecho de haber sido violentada física y psicológicamente por quien la embarazó.

Este 11 de octubre miles de niñas y adolescentes han pospuesto sus proyectos de vida, y se han alejado más de aquellos sueños que probablemente no se cumplirán debido a que la única ayuda que podía liberarlas de arrastrar las consecuencias de una violación en su cuerpo se ha guardado y olvidado por parte de las autoridades.

Por último, debemos tener claro que los servicios de salud sexual y reproductiva son un derecho que toda niña y adolescente debería de tener para acceder a sus derechos sexuales y reproductivos de manera autónoma. Toda niña tiene derecho a vivir una vida libre de violencia, a ejercer sus derechos libremente y a contar con un Estado que la proteja de la misoginia y del machismo que impera en nuestras sociedades, lastimosamente ese mismo Estado representa en sí un ente patriarcal-capitalista al que muy poco le interesa la decisión de las mujeres sobre su propio cuerpo, ya que las obliga a llevar embarazos involuntarios o a practicarse abortos clandestinos, sin importar si el embarazo es producto de una violación o de una relación sexual consentida.

Fotografía de Linda Forsell