Un escenario pre apocalíptico en ciudad de Guatemala

Salimos con Fernando Chuy a hacer fotografías con el objetivo de dejar un registro visual de cómo la pandemia del coronavirus afecta al país, observar de cerca cómo la gente de a pie está sobrellevando la cuarentena.

Fotografía de Lozano

La pandemia mantiene a las personas con psicosis, se siente el ambiente tenso. En la colonia de Chuy, el guardián de la garita me tomó la temperatura, por un instante sentí el nerviosismo, expectante del resultado de mi temperatura corporal; por suerte tras comprobar que no tenía fiebre me dejan pasar.

En la casa de Chuy puedo sentir que su familia se siente incómoda con mi presencia, entiendo que no es por mí, si no se trata del temor a ese enemigo invisible: el virus de Wuhan mantiene en vilo al planeta entero.

En la calle se percibe el aburrimiento de la gente, una mezcla de desesperanza, miedo y una seria preocupación por la crisis económica, que de momento se siente más que la pandemia, aunque en esta semana empezaron a aumentar la cantidad de casos por día de las maquilladas cifras oficiales, en estos momentos le creo más a los poderes de sanación de Cash Luna que a lo que dice el maldito gobierno.

En las próximas semanas empezaremos a ver lo que Giammattei ya no podrá ocultar, eso que se ha visto a través de internet en países más preparados que el nuestro: sistemas de salud colapsados, gente muriendo, y gobiernos que no dan respuesta a la población, al pueblo le tocará enfrentar esta crisis sanitaria como pueda, espero que esto no se olvide.

Es estúpidamente ridícula e indignante la forma en la que el gobierno ha afrontado la crisis, la primera declaración de Giammattei fue esperanzadora, pero luego vino el jalón de orejas de los siempre basuras del CACIF, y así vimos cómo estos carroñeros empezaron a hacer piñata de nuestra desgracia a través del doc (su títere lameculos).

En este país tercermundista solo existen 50 respiradores artificiales en los hospitales públicos para atender a más de 16 millones de guatemaltecos (este último dato, maquillado nuevamente por el gobierno). Además, le han pedido a la gente que se quede en casa, pero sin garantizarles seguridad económica y alimentaria. La única opción ha sido salir a jugarse la vida para no perderla de hambre.

Mercado La Terminal. Fotografía de Lozano

El recorrido

Fuimos a la Terminal, eran las once de la mañana, queríamos observar cómo seguía funcionando la capital guatemalteca del comercio, el sitio que abastece de alimentos a restaurantes, mercados y a las mesas de la mayoría de hogares de la ciudad. Un lugar en el que la normalidad es ver mares de gente, hoy lucía desnudo, casi vacío, la mayoría de locales estaban cerrados, pocas personas tratando de vender y otros pocos más tratando de abastecerse de alimentos. Algunas personas siguen sin usar mascarilla, no se les puede criticar, las N95 que nosotros cargamos son difíciles de conseguir, y además están sobrevaloradas.

Vimos a varios grupos de hombres, esparcidos por diversas áreas del mercado, que ante la falta de trabajo, se ponían a jugar cartas. Todas las imágenes que fuimos recolectando iban formando en nuestro imaginario un cuadro pre apocalíptico al estilo de Hollywood, una ciudad vacía al borde del final, en donde solo quedan los que no tienen a donde ir, o no se pueden dar el lujo de quedarse encerrados esperando el final porque este les llegaría más pronto con el hambre.

Mientras fotografiamos La Terminal, un drogadicto nos amenazó con dos piedras enormes que sostenía como podía entre sus manos, ¡Váyanse a la mierda cerotes! gritaba, A huevos éramos un par de extranjeros en su alocado mundo.

Luego llegamos al parque central, recién bajando del carro, un hombre increpó a Chuy para pedirle dinero, aquél le dijo que no tenía plata y de inmediato nos empezó a insultar y a mandarnos otra vez a la mierda. Al rato se me acercó una mujer, me dijo que era de Honduras también pedía dinero y se molestó cuando no le dimos. La verdad es que tampoco cargábamos mucho.

Estas dos experiencias me hicieron reflexionar sobre la ola de hambre y violencia descontrolada que se avecina, porque todo lo que han generado los ricos y poderosos en este país es una olla de presión a punto de explotar. No quedará más remedio que la violencia para que el pueblo pueda recuperar su dignidad.

Plaza de la Constitución. Fotografía de Lozano

Pero… ¿Dónde está la ayuda?

A lo lejos vi a un vendedor que llamó mi atención, tenía tuneado su carrito de helados, le hice una fotografía, se acercó a nosotros, sentía la necesidad de sacarse la impotencia de la garganta:

El parque está lleno de gente hambrienta, todos andan jugándose la vida, viendo qué hacen para comer, literalmente están robando comida. Si ven un carro acercarse o a personas repartir comida, se amontonan como ratas alrededor. Yo trato de trabajar, pero llevo medio día acá y no he vendido ni un solo helado ¿Dónde está la ayuda del gobierno?, nos contó impotente Manuel Ochoa.

Así nos fue desvelado el submundo del parque, varios inmigrantes hondureños permanecen varados, hay vendedores que se mantienen dando vueltas alrededor, tratando de ganarse la vida, ofreciendo sus productos a las pocas personas que deambulan. En una esquina una señora ofrece boletos de lotería, y a pocos metros un señor ofrece servicio de mototaxi, otro sujeto trata de vender aguas acompañado de sus hijos. Es como observar un concierto sin público; los músicos están dejando su alma en un escenario donde nadie compró boletos, nadie aplaude.

Tras comer, esperamos el famoso toque de queda en el edificio Centro Vivo, en el apartamento de un amigo, que durante la casaca de la tarde nos contó que le había llegado el recibo con la ayuda económica de mil quetzales que ofreció el gobierno para ayudar a los más necesitados. Justo como habíamos pensado, la forma en la que los fondos de ayuda se están distribuyendo realmente no están priorizando a la gente pobre, como el heladero del parque, que no ha recibido hasta el momento ningún tipo de auxilio económico.

Más adelante pudimos constatar las politizadas entregas de ayuda de alimentos en el asentamiento que está debajo del puente El Incienso, las putas cajas tenían el logo del gobierno, de la Asociación Bancaria de Guatemala, Asociación de Azucareros de Guatemala, aceite Ideal, y la telefónica Claro.

En resumen, toda la mara que ha pisado al pueblo estos últimos días; como si un violador le regalara a su víctima una foto enmarcada con un te amo de dedicatoria. Luego para que la realidad nos volviera a estallar en la puta cara (esto es lo que pasa cuando las políticas se realizan desde un escritorio) en una de esas casas en donde se entregaría la ayuda había un palomar, vivían varias familias en ese huevito de casa dividido en apartamentos alquilados a bajo costo, pero las instrucciones son claras y las repite un personaje raso del glorioso ¡Solo podemos dejar una caja por casa!

¿A dónde van los que no tienen a dónde ir?

Regresamos a la calle para documentar el toque de queda en la ciudad, momentos previos, las patrullas empezaron a rondar las calles haciendo sonar sus sirenas, un grupo de chavos trabajadores de depósitos y comercios aprovechaban los últimos minutos de aparente libertad para echar una chamusca.

¿A dónde van los que no tienen a dónde ir? A ningún lado, se quedan inertes viendo cómo la ciudad se va vaciando, son fantasmas que pasan desapercibidos por las fuerzas de seguridad. Una señora teje tranquilamente un huipil sentada en la acera de una calle del Centro Histórico, mientras una patrulla pasa haciendo relajo a toda velocidad, ella ni se inmuta. Así vimos a otros fantasmas citadinos, gente que deambula sin rumbo y sin nada que perder.

Ver la ciudad vacía, silenciosa, recorrerla sin carros ni colas, provoca una enfermiza y extraña paz, nos da un estado de tranquilidad a pesar de saber que estamos en la mierda como país, que se nos viene lo más duro. Sabemos que mucha gente va a morir. Sabemos que ni al gobierno, ni a los empresarios les importa (aunque se den golpes en el pecho, digan lo contrario y cada vez que pueden repitan “pero especialmente que Dios bendiga a Guatemala”). Espero que la gente que quede viva no olvide todo esto.

Ahora veo a la ciudad dormida, sin pueblo. Recuerdo que esto ha sido siempre así, este estado de adormecimiento es eterno.

Ciudad de Guatemala. Fotografía de Fernando Chuy

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