Un Octubre Rojo de caricatura II

 

Antes era chévere, ahora también pero no tanto. No sé si será que cada vez que la muchachada se involucra en procesos de lucha y transformación universitaria (la Toma de agosto for example) sale quemada y más dividida de cuando entró, eso es lo más seguro. En las clases se percibe esa inconformidad, esa desconfianza en el otro, lo que repercute a la hora buena, los ánimos incendiarios no aparecen por ningún lado y hasta cuesta darle sentido a una celebración que se va solita, sin saliva.

Octubre Rojo 2019. Fotografía de Débora Chacón

Hacer un toque sería relativamente más sencillo que un festival

Claro, si las partes involucradas hicieran lo que les corresponde, pero ¡Puta! Hay que estar casi que rogando a la mara para que pierda el amor por 10 varitas, lo que casi casi los hace ganadores automáticos en una rifa donde las posibilidades de ganar un buen libro fueron de 1 entre 5 este año.

Las bandas también la hacen cansada. Es frustrante a veces invitar a la mara y que tarden días en siquiera ver el mensaje, y lo más pisado que ni te contesten o que queden de confirmarte (mara que se da el lujo de tener hasta una manager) y que nunca lo hagan hasta que vos los llamés otra vez. Obviamente hay excepciones, gente que sabe cómo es el teje y maneje del asunto y hace que todo fluya (hasta cuando no van a participar).

Uno como organizador también la caga, a huevos, a veces hay mara que se queda sin tocar o que no queda satisfecha con sus horarios porque te atrasás en el programa y así. Aquí el clavo está a la hora de negociar, es decir, aprender que este tipo de toques no se hacen con el afán de darle oportunidad a ningún cerote para que haga sus primeras apariciones sino se hace una selección de mara aparentemente cabrona que ya se las puede discutir en un escenario, con un sonido respetable y una audiencia apática pero exigente.

El concreto y las luces. Octubre Rojo 2019. Fotografía de Débora Chacón

El concreto y las luces, una grata sorpresa

Este tipo conjuntos juveniles debió aparecer una década atrás, la energía que le imprimieron a su presentación es envidiable. El cómo conectan con el público es algo que las bandas nuevas les pueden aprender y las viejas fijo les envidian. A pesar de que tardaron en llegar, su reciente irrupción en la escena de la ciudad promete dosis intensas de música para pensar y sudar.

Igualado. Fotografía de Raúl “Lolo” González

Igualado, o pudo haber estado peor

Realmente invitar a esta bandera que también es de reciente formación fue un tanto arriesgado. La verdad es que no, solo no creí que la gente los iba a recibir tan bien, hasta cumbia se pusieron a bailar. Con una propuesta que raya entre lo tropical y lo andásabervosquéputas, Igualado mostró ganas de romperla.

Banycomio Ajpu, el sobreviviente

Bany es un veterano de los escenarios, es decir se las sabe y se las puede, su música es como para sentarse, fumar un poco de mota y pasarla bien. Esta vez se hizo acompañar de otros músicos para darle densidad al asunto. Nos hizo recordar (con la intervención de Camilo) festivales de otra época.

Mai de Rimas y MC Suina. Fotografía de Raúl “Lolo” González

Mai de Rimas y MC Suina

El público siempre se pone efervescente cuando mujeres raperas se apoderan del micrófono. Es incuestionable que las muchachas tienen lo suyo en el escenario y se conectan en buena medida con la audiencia, quizá aquí lo que haga falta es que las acompañe alguien en la tornamesa para llevar su propuesta al siguiente level.

Hot Sugar Mama. Fotografía de Raúl “Lolo” González

Hot Sugar Mama, el clímax

No hay mucho qué decir, son los más hábiles con sus instrumentos y su música la prende sí o sí, si tan solo cantaran más rolas en español, la ambigüedad política pela.

LiAn Improvisando. Fotografía de Raúl “Lolo” González

LiAn Improvisando

Este muchacho es un todoterreno, se oye bien en una burra y ya en un escenario con sus músicos de confianza, la experiencia le pega fuerte hasta a al más indiferente. En nuestros días son raros los músicos con consciencia, él es uno de esos especímenes.

Vástagos Magna

Los muchachos espaciales casi no llegan completos, sus pasos siempre están muy cerca de la muerte o al menos esa es la mística que le venden a uno de fanático incauto. Con unas letras llenas de crisis, hicieron más insufrible la existencia de los más sensibles.

No sé si sea porque se vienen las elecciones en la Escuela de Historia, pero los catedráticos son los que menos melindrosos se pusieron a la hora de comprar los números de la rifa. A todos se les explica el propósito de tan noble colaboración, y aunque a muchos el escepticismo les inunde la cabeza, no por eso dejan de comprar sus números.

Es oportuno aprovechar la ocasión para agradecer a las muchachas de la Asociación de Estudiantes de la Escuela de Historia y a las editoriales que muy generosamente nos proporcionaron los libros que sirvieron como premios: Raúl Figueroa Sarti de F&G Editores, Javier Carrión con el Fondo de Cultura Económica, Editorial Catafixia, Mario Celada, Editorial Cultura y Paolo Guinea de la veinticincoañera Magna Terra Editores.

No pude quedarme al final del toque porque mi ranfla se averió, pero me imagino que no me perdí más que de un grupo de ska.

Nos vemos en el Febrero Comunista 2020 ¡Hasta la victoria secret!

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