Un zape para despertar al recién graduado

Cuando te inscribís en la U, entre las cosas más ingenuas que podés pensar están por ejemplo: Voy a apurarme lo más que pueda, no voy a dejar ninguna clase para limpiar después, voy a mantener alto mi promedio y hacer la tesis en el último año para cabal graduarme a los cinco años y meses de haber entrado y empezar a trabajar de una.

Ardilla recién graduada. Fotografía de Javier Herrera

Desde que mencionás que querés estudiar en la Usac (porque según la mayoría es la mejor del país) ya te empiezan a poner trabas mentales diciéndote que ahí sólo pocos logran entrar, o entran y después de la Huelga de Dolores casi ninguno regresa a las aulas, que es una universidad “difícil”, refiriéndose a que es violenta por los encapuchados, que la talacha, que los bautizos, que las fiestas, etc.

Saber que fuiste una entre cientos de jóvenes que fueron admitidos para cursar la carrera en esa casa de estudios es motivo de orgullo para vos y toda tu familia. Algunos ya te hacen “licenciada” experta en todo. Es bonito, pero demasiado utópico.

Desde que entrás a la primera clase te reciben con el característico discurso de “…los mejores empleos los obtienen los egresados de esta casa de estudios…”, o bien frases tipo: “…esta es la universidad con más prestigio en el país”, “…si son pilas, terminan la universidad en los cinco años que son y se gradúan en el sexto ya con un puesto fijo en alguna institución gubernamental”, y cosas por el estilo. Serías demasiado mulita si te las tragás o peor todavía si salís y seguís creyéndolas.

Sin embargo, entrar y estudiar en la tres veces centenaria es un dolor de ovarios que vale la pena experimentar. Ir sola a hacer el examen de orientación vocacional es la primera salida del nido. Seguir haciéndote todas las pruebas básicas es un desafío algo culero porque caes en cuenta que no estás tan bien preparada como pensabas. Todo gracias al sistema educativo decadente en que estuviste sumergida los últimos años.

Fotografía de Javier Herrera

Mi mamá y hermanos estudiaron en la Usac y gracias a ellos obtuve una dura bofetada de realidad, sin ellos sería la ilusa chavita que sigue pensando que al nomás salir ya iba a tener una propuesta de trabajo esperando por mí sin tener experiencia alguna y con un sueldo inicial de Q20,000. Así nos quieren agarrar de mulitas en los primeros años de universidad, diciendo que la teoría lo es todo, que el quemarnos las pestañas estudiando un día daría frutos y llamaríamos la atención a simple vista.

La realidad es otra, nos dan un montón de pajas con tal de mantenernos ahí escuchando las muladas, conflictos existenciales o problemas emocionales que la mayoría de los licenciados llegan a decir porque no tienen nada programado para dar la clase. Entre tanta bazofia te dicen que el mundo no es como otros te lo han planteado, que muchas veces hay que ser “condescendientes” por no decir culebras para conseguir un puesto.

Además, te das cuenta que mucha gente consigue empleos a base de cuello y sin saber dónde tienen las patas. Podrán tener un título universitario y hasta habrán sacado una maestría, pero en realidad no son capaces, o peor todavía, algunos de ellos ni siquiera tienen educación superior. Son demagogos que fueron colocados allí a pura conveniencia de los demás, ganando el triple o cuádruple de lo que vos podrías ganar con toda la experiencia  en lo que refiere tu carrera.

Por este tipo de cosas es que decidís buscar alternativas, como la mayoría de jóvenes en el siglo XXI. Tenés que ver cómo te defendés sin morir en el intento. A causa de esto te volvés multitareas, aprendés a sacar el mandado y cobrar algunos centavos por eso. Actualmente para encontrar un trabajo te piden ser recién graduada con 24 años y experiencia de 5 años mínimo. Seamos realistas, casi nadie te da un trabajo de lo que estás estudiando en la universidad, uno cercano todavía si tenés algún parentesco o relación de amistad con el personaje que te jale.

Fotografía de Javier Herrera

 

Ser joven es una lata

Las expectativas sobre tus hombros son altas y la presión social que tenés es constante. Trabajar y estudiar, salir de la U y encontrar el trabajo de tus sueños al nomás cerrar la carrera, sin saber que vas a buscar trabajo durante meses, esperando al menos encontrar algo que se acerque a lo que pensabas, para tener la esperanza de subir poco a poco, de puesto en puesto, para luego darte cuenta que es casi imposible lograrlo.

Para lograr sobrevivir es necesario convertirse en una especie de unicornio con alas, que tenga conocimientos muy amplios, que sepa hacer de todo, que sea joven, que domine las artes marciales, que tenga disponibilidad de horario y sepa trabajar bajo presión, con conocimientos básicos en energía nuclear, buena actitud, licencia tipo A, con disponibilidad de viajar al interior, trabajar fines de semana y días festivos, etcétera. Muchas veces no parece tan loco si de verdad te fajás y le entrás con fe, pero la mayoría de veces no es así. La realidad es cruel, es lo que hay.

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