Una lucha por desladinizar al indio que llevamos dentro

El 13 de octubre de 1876 el presidente de la República de Guatemala aprobó el Decreto No. 165 que establecía declarar ladinos a los indígenas del pueblo de San Pedro Sacatepéquez en San Marcos así de un plumazo como por arte de magia.

En este mundo que parece ya no ser mundo, estamos acostumbrados a estar expuestos a lo que nos gusta y lo que no, lo bloqueamos o ignoramos, tan fácil como suena y se lee. Lo que no nos agrada lo hacemos a un lado o le damos un clic en el botón de “ya no me gusta”, pero a veces nos metemos a ver qué onda por puro morbo, como las noticias sensacionalistas de La Extra o el porno, que renegamos y nos golpeamos el pecho en nuestras sociedades conservadoras, pero ¿Cómo se hacía antes para “eliminar” o negar algo antes de nuestra contemporaneidad? La onda iba mucho más allá de un dislike, dejar de seguir, silenciar o eliminar de tus amigos.

Con los artistas ocurre algo parecido, aquellos que se apegan a las bellas artes son dignos de darles visibilidad, mientras los que con sus acciones provocan incomodidad y debate, a ellos hay que cuestionarlos, no porque no hagan algo estético, sino porque son capaces de moverle los petates a personas poderosas que siguen gobernando y con ello imponiendo un statu quo del que, por milagro, podríamos –o no- salir vivos.

Algo así surge con el ritual más reciente de Benvenuto Chavajay, quien revive un Decreto poray de la época de Justo Rufino Barrios, el mismo a quien la gente conoció/conoce como Tata Rufo/El Reformador y cuya ficha está estampada en el billete de 5 varitas, nomás porque los de más valor fueron adjudicados a los que tenían ascendencia española y diosguarde y diosmelibre poner a un mestizo en los billetes de la gente jailosa. Para despejar bien las dudas mejor hablé con Benvenuto para ver cómo iba la onda…

Benvenuto Cahvajay. Fotografía de Fernando Chuy

¿Por qué traer a la discusión actual un hecho de hace 144 años? ¿Qué tipo de debate querés generar con esta intervención?

Es tan importante sanar la historia para mí, como siempre he dicho, el arte es otra manera de sanar, desempolvar la historia y activar la memoria. La labor de ser artista es eso. ¿Cómo? Ahí ya dependería de cada quién. Ritual, performance, analogías dentro del arte, tengo que acudir a ellos para poder discutir. Es necesario poner esto sobre la mesa para desempolvar y sanar.

Todo el tiempo hay debates y discusiones, todo el tiempo hay peleas y existe el racismo, la exclusión. Es parte de esto. Mi manera de ver este performance o ritual es similar a otros trabajos que he hecho. Tengo que lastimarme, herirme para poder sanar al “otro”. Mis tatuajes, mi pelo (largo)… que mi madre pueda ver mi pelo –rubio-, seguramente llora o está llorando, porque es la dignidad que está en duda, que está siendo lastimada.

Tuve que vestirme como ladino más por el Decreto de 1876, que fue derogado en 1938, la época de Jorge Ubico. Mi intención es ir al Congreso y decir a los pinches diputados que deroguen el decreto pero ya no, no hay necesidad de herir. Eso sólo en papel porque el racismo, discriminación y demás atrocidades hacia los indígenas siguen. Por eso la necesidad de pintar el pelo –de rubio- porque el pelo es como un medio. El color es un medio. Muchos me dicen “canche”, “rubio”, “gringo”, eso es un medio nomás. Mi intención es pintar el pelo porque es la dignidad absoluta de un indígena pero con el tiempo ese pelo va a ir creciendo. Ese color rubio del racismo, poco a poco se va a ir quitando, se va desvaneciendo, se va eliminando. Elimina también la dignidad y naturalidad del pelo. Es una metáfora que yo como artista uso para sanar, que desaparezcan todas las atrocidades del mundo occidental, del mundo colonial desde acá, desde dónde estamos nosotros como indígenas.

Tenemos que sanar nosotros como indígenas, tenemos que sanar nuestra historia, porque no tenemos qué esperar al “otro”, que no es indígena para poder sanar. Nos damos cuenta en la política que no nos sirve para poder sanar esa herida. Tenemos que dar nuestra segunda oportunidad porque la primera –fue- con el colonialismo sin hablar. Queremos que esa memoria retorne la dignidad de un pueblo. Esa es mi manera de ver el arte, “el retorno de las almas” es devolver la dignidad a un pueblo que está herido o tiene un trauma en la historia y el trauma hay que curarlo y sanar a través del arte. Por eso me visto como “otro” para poder sanar al “otro”.

Fotografía de Fernando Chuy

Decreto No. 165

J. Rufino Barrios, general de División y presidente de la República de Guatemala

Considerando: que es conveniente poner en práctica medidas que tiendan a mejorar la condición de la clase indígena.

Que varios aborígenes principales de San Pedro Sacatepéquez (departamento de San Marcos) han manifestado deseo que se prevenga que aquella parcialidad use el traje como el acostumbrado por los ladinos.

DECRETA:

Artículo Único: Para los efectos legales, se declaran ladinos a los indígenas de ambos sexos del mencionado pueblo de San Pedro Sacatepéquez, quienes usarán desde el año próximo entrante el traje que corresponde a la clase ladina.

Dado en Guatemala, en el Palacio Nacional, a trece de octubre del año de mil ochocientos setenta y seis. 

¿Y más allá del debate, qué acciones concretas podrían desencadenarse de conseguir lo que estás buscando, a qué le estás apuntando?

Yo creo que es simple, es de que nos demos cuenta como pueblos originarios y de las generaciones venideras que sí, la historia está lastimada pero también es importante cómo sanar la historia. En esta forma como las teorías poscoloniales, como las decoloniales, existen heridas coloniales y el lado oscuro de la posmodernidad es eso. Alumbrar la oscuridad de la modernidad y “cepillar” esa plancha del colonialismo o colonialidad, cepillar, cepillar y dejar bien limpio y que las otras generaciones comiencen a contar nuestra propia historia. El objetivo de nuestra generación es de fijar, por eso es importante desempolvar y sanar porque, digamos, esa “plancha” o “matriz” colonial –debe- sanar, sanar, cepillar, dejar bien lisa y que las próximas generaciones comiencen a contar nuestra historia, pero tenemos que empezar nosotros. No estamos buscando nada, claro que hay que hacer justicia al pasado, hay que hacer justicia a la historia porque si no hacemos justicia a la historia o al pasado, no llegamos a tener un buen futuro porque el futuro está en el pasado para tener un buen presente. Todo esto, lo estamos discutiendo a través del arte, porque la política no nos funciona. Por eso tenemos que voltear hacia el arte y la cultura, porque desde ahí se puede cambiar una realidad. Quizá no se puede cambiar el mundo pero sí una realidad.

¿Qué tipo de políticas de corte racista similares a las del decreto de Justo Rufino Barrios ves en el Estado de Guatemala en los últimos años?

Yo creo que no sólo en los últimos años, sino en todo momento. Sólo en este lugar en dónde estamos (Restaurante Saúl E. Méndez, sexta avenida de la zona 1) es clave. Nos damos cuenta que en todo hay símbolos que sólo nos ponen a los indígenas como paisaje. Ese paisaje –es dónde- también sentimos, nos movemos, tenemos hambre… Aquí nos ponen sólo como eso. En primer lugar, somos humanos; esa discusión también viene desde Fray Bartolomé de las Casas y Sepúlveda en Valladolid, cuando empezaron a discutir –en la época del colonialismo- si nosotros como indios éramos humanos o teníamos almas. Este debate o problemática está siempre en cada momento, no sólo en el Estado sino también en la sexta avenida-, en una cancha de fútbol, en la iglesia, en todo. Siempre nos han cubierto con ese “otro” ¿cuándo se va a terminar? No sabemos, lo que sí sé es que mi pelo va a crecer y se va a desaparecer el canche, el rubio, ese color del racismo.

Fotografía de Fernando Chuy

¿El indio ha sido concebido siempre como un sujeto subalterno en Guatemala, qué se necesita para que los pueblos salgan de ese sótano en el que se les quiere mantener?

Yo creo que son momentos también. No es extraño que tenemos a Rigoberta Menchú, en las elecciones pasadas a Telma Cabrera… o sea, sí hay, sólo falta inyectarnos más de esa ancestralidades y dejar un poco de ver el occidente y sus políticas. Dejar de ver un poco el arte occidental, esa es otra forma de colonizar pensamientos, más la política, más la religión, más el deporte. Debemos voltearnos y ver el pasado porque si nosotros como indígenas o “indios” que nos llaman, queremos tener una dignidad, es retornar y ver el pasado. El pasado es parte de nuestro futuro, debemos sanar el pasado y eso lo debemos hacer nosotros porque si esperamos en el Estado, en el Congreso… no vamos a obtener nada. Tenemos que hacerlo con conciencia porque es tan importante que se tiene que poner a trabajar desde la educación con los niños, si no, no funciona.

Podemos estar arriba del lago de Atitlán viendo las piedras, pero si no nos sumergimos ¿de qué nos sirve que esté el lago cristalino? Tenemos que investigar nuestras piedras (problemas). Tenemos que estar en sintonía, es dejar de empezar a pelear. Y estoy vestido de ladino porque es una discusión, yo no estoy peleando con nadie, simplemente tengo una dignidad, todos tienen una dignidad humana. Lo que se necesita es la conciencia y retornar a la ancestralidad que es como cuando uno combina los colores del textil. Este pone un color, pone otro color y la yuxtaposición de colores crea uno complementario, no hay una herida. En cambio, lo que hace el occidente, la estética del arte del occidente, cuando combina un color con otro color, se da un tercero pero hay una herida, elimina esos dos colores principales. En Guatemala, desde los pueblos estamos exigiendo que exista una complementariedad, lo complementario es importante porque el occidente elimina al “otro”, eso es puro marxismo –ley de unidad y lucha de contrarios-, la yuxtaposición de colores es algo gramsciano. Es olvidarnos de las teorías occidentales, claro, hay que estudiarlo pero si no nos sirve, no nos sirve. Tener una mente y una filosofía transmoderna, que puede ser la modernidad fusionada con mi ancestralidad que es lo más grande y sagrado, si nos sirve, si no pues lo dejamos.

¿Cuál creés que fue el objetivo principal de este Decreto?

Para poder entender el Decreto hay que estudiar un poco de esto –Legislación Indigenista de Guatemala, Jorge Skinner Klée– porque contiene todas las atrocidades. Creo que podemos entender un poco más el por qué Justo Rufino Barrios obligó a los indígenas. No sólo es racismo, sino epistemicidio, es eliminar los conocimientos, la dignidad. Es fuerte y duro, quizá en su momento sólo era un papel y una burla, pero realmente está perenne en nuestro cuerpo. Por ejemplo, Michael Jackson se tuvo que quitar su color de piel y su nariz para sentir al “otro”. En Guatemala, con el estadio Doroteo Guamuch Flores, Mateo Flores nunca existió, simple y sencillamente fue como los gringos no pueden pronunciar nuestros nombres y apellidos de los pueblos. No pudieron pronunciarlo, entonces sólo lo cambiaron a Mateo Flores, pero esto se quedó en la historia. Si revisamos a los primeros migrantes –internos- indígenas, de un pueblo a la ciudad, esconden los nombres, los apellidos con tal de tener un privilegio, un trabajo, para estar en una escena.

Juan Carlos Plata, el jugador de futbol, también tuvo que cambiar su apellido para estar, para sentir que está como jugador. Su apellido es Puac y eso significa “dinero”, “plata”. Se tuvo que cambiar ese apellido, pero sigue siendo Juan Carlos Puac-Plata, metió goles. Pero ¿-El apellido- es una burla, es una vergüenza o es un privilegio? Cada quién tiene que buscar qué es… Tampoco yo puedo decirles a nuestros hermanos indígenas que no lo quieran o que no lo hagan –cambiar el apellido- porque el mismo sistema nos crea. Sólo de estar acá con la vestimenta (indumentaria indígena) ya es una aceptación. Es triste, sí, pero es una realidad. Si con el arte se puede cambiar, ojalá.

Fotografía de Fernando Chuy

¿De dónde te nacen las ganas de hacer el performance?

Es un proyecto que viene desde hace 6,7 años, se va a presentar en la Bienal de Arte Paiz del 2021, creo que va a ser en mayo. Van a ser diferentes momentos, desde teñir mi pelo porque también me considero un despintor porque cultivo consciencia, escultor porque ¿para qué voy a pegar a la piedra si ya tiene alma? Poner alma a la piedra es como cuando vinieron los españoles, nos dijeron que no teníamos alma. Quizá más adelante pueda ser un exladino porque mi pelo se va a desladinizar al crecer y cambiar de color. Metafóricamente, poner en la mesa cómo desladinizar, porque mi pelo está creciendo y voy cortándolo hasta tener mi color natural y así debe de ser las mentalidades.

Podemos cambiar la realidad pero no podemos cambiar el mundo y lastimosamente tenemos que acudir a estar formas para poder estar en la escena, si no nadie nos pone atención. En el sentido de que nosotros nos podemos dar como indígenas, no esperamos a un canchito, a nadie para hacernos sentir que también somos humanos.

¿Por qué acudir al performance, si este ha sido considerado como una práctica occidental del arte? ¿Por qué te dejaste el pelo largo, si parte de ser “ladino” es cortárselo?

No es la primera vez que me lo preguntan. Es una forma del diálogo. Cuando me critican –me dicen- “¿Por qué no te ponés un penacho y te vas para allá?”. Yo ya soy parte de esta generación de H2O donde mi ancestralidad es el Lago. Tengo que acudir a la estructura –tradicional- del arte para que me pongan atención. El performance en el mundo occidental está visto como una práctica que no sirve para nada. Es una práctica contemporánea que no está, en un sentido, considerada como arte. Yo me dedico más a una acción para hacer un ritual en el arte. El performance es un medio, por ejemplo mi pelo. Dejé mi pelo largo porque en mi pueblo dicen que los que lo dejen largo es sólo para coger con las gringas. Yo no hago eso sólo para coger a las gringas, no. Yo desde hace ratos vengo trabajando ese proyecto donde mi pelo es parte importante. “¿Por qué no te ponés colocho? Porque los indígenas no tenemos colochos” Es sólo el pelo largo y ya.  Tengo que cortar mi pelo porque no me gusta tener el pelo largo, no me gustan los tatuajes, también tengo que hacerlo. Tengo que herir para poder sanar.

Tener el pelo largo no es un homenaje a los jipis o neojipis porque es algo de mi ancestralidad. Si me pongo de pelo corto, creo que no tiene sentido. Tiene que ser pelo largo para que me miren que sí, también. El pelo es lo más sagrado, es importante.

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