Vos, ¿Qué clase de perro sos?

Fotografía de Elí Orozco

De cara al proceso electoral, nuevamente la sociedad guatemalteca se enfrenta a la diatriba de elegir a quiénes potencialmente se convertirán en sus verdugos. Votar y botar, en la tradición política chapina, se han convertido en palabras con diferente significado pero que denotan la misma acción. Esta verbalidad se materializa cuando ciegamente se deposita la soberanía popular en las insalubres letrinas del poder estatal.

Los resultados de estas llamadas elecciones, vez por vez, demuestran que la democracia guatemalteca es comparable a un chucho flaco, apaliado por feo y pulgoso, pero, sobre todo, por ser chucho. Ese montón de parásitos que nos gobiernan, con contadas excepciones, han pisoteado el hambre del pueblo, le han pateado y echado agua caliente. Su maldad y perversidad llega al extremo cuando a la vez de lavarse la cara de hampón en las fuentes de la moralidad y legalidad, arrojan panes con bocado.

Pareciera que somos pesimistas y sí, lo somos. Dado que urge no darnos casaca y pensar desde lo adverso. Ser optimistas en este contexto muchas veces es la manifestación de una felicidad fetichizada que, a manera de perfume caro, sólo endulza el ambiente mal oliente en que vivimos. Nuestro pesimismo es malestar permanente, es sentimiento de inconformidad con lo dado, es momento creativo. Abelino Chub Caal es un inconforme y por eso festejamos su liberación de las prisiones del Estado.

Y ahora que es tiempo de Pascua y de recoger chuchos de la calle, pensemos y actuemos con la claridad de los inconformes.  

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