Yo al culto iba solo por la batería

 

Fotografía de Lalo Landa

Los caminos del Señor siempre han sido angostos y largos, ahora los de Lucifer tienen ese encanto corto y amplio se leía en una piedra grande en la entrada del pueblo. Ahora hasta ese rótulo voló a la mierda con tanto relajo que se ha hecho por culpa del internet y los teléfonos inteligentes.

El lavado de dinero y el narcotráfico son los motores de este lugar, aquí no vas a ver un carro pura mierda porque hasta el más humilde de los habitantes tiene pa’ presumir en tiempo de feria; risa dan los fulanos que piensan que en este sitio algo va a cambiar; es cumpliendo los quince años que las patojas y los muchachos tienen ya en su bien la picazón de irse para los yunaits (Estados Unidos para los que fueron a escuela publica). Muchos ansían tener la buena suerte de que uno de los meros meros tenazudos lo agarre de mandadero.

Aquí eso de andar robando o estafando no se da, esa onda es para gente de mal. Aquí se mueve y almacena la coca y no cola, aquí todos los negocios están a la última, no tenemos que envidiarle nada a la capital, con decirles que si se vienen la pasan mejor aquí que allá. A las muchachas les encanta ponerse a la disposición de un pudiente porque en una de esas hasta la familia sale con premio, y como eso sí hay acá. Aquí la familia es lo primero.

Todo era diferente cuando no había celulares, los hombres engañaban a sus mujeres y las mujeres engañaban a los hombres y  los rumores se perdían entre la falsa alegría de los matrimonios del pueblo, pero ahora, si hay foto, hay video y se arma la de San Quintín.

 

El culto

Los evangélicos siempre compran buenos instrumentos y dan la oportunidad para que uno que no tiene pues pase a alabar al eterno. Desde que vi al pastor dije ese no es siervo de Dios y que le empecé a seguir la pista.

En la iglesia también conocí a Juan Cacales. Él llevaba mucho más tiempo que yo en los caminos del Señor, pero como ya les dije, el diablo solo anda viendo dónde tiene el varón la debilidad y ahí mismo lo ataca.

Al poco tiempo de coincidir en los grupos juveniles de la iglesia, Juan se casó con Lucía y ambos pasaron a ser protagonistas en los cultos del templo, hasta que uno de esos días en los que nuestro señor Dios nos abandona, justo antes de empezar el servicio del domingo se escuchaban los gritos de Lucía dentro de la oficia del pastor Rocael Funes Sinosa, ella reclamándole airadamente al antes mencionado sobre un video que le encontró a Cacales en su teléfono inteligente mientras este se bañaba. En el material se observaba una de las mejores escenas xxx que he visto y vaya vos que yo sí he visto, lo distintivo e interesante de aquel audiovisual eran los protagonistas: la hermana Mariana (esposa del pastor) y mi amigo y bien ponderado compañero de mil batallas, el guitarrista principal de la banda “Los ungidos de Ebenezer”, Juan José Cacales y Cacales.

La cuestión pasó a mayores porque Lucía difundió el video y los audios de aquella relación que según se logró evidenciar posteriormente gracias a las averiguaciones del caso, ya tenía rato. Todo el pueblo se enteró y mientras Lucía y el pastor peleaban en el salón, ella pidiendo una explicación, el pastor le hizo ver que el Señor obra de formas misteriosas.

La hermana Mariana y Juan huyeron en busca de un futuro incierto pero lleno de amor. Ahora aquí la predica la ofrece Lucía que con el tiempo le fue encontrando gusto a don Rocael y ya hasta formaron una bonita familia. De Cacales y Mariana solo se sabe que pusieron un bar en la capital y ambos se tatuaron un símbolo en el brazo izquierdo.

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