Yo estaba ahí para coger, parir y hacer almuerzo

A huevos que a nadie le gusta que le peguen, salvo algunas excepciones masoquistas en donde las cosas se ponen intensas y te piden unas nalgadas.

De niño mi única preocupación era que Kevin McCallister no pudo comer sus macarrones con queso por culpa de los ladrones que le querían vaciar la casa. Ahora de grande ando avispa porque no se me vaya a salir de la bacinica el marido de mi hermana menor. El tema es más complicado de lo que este mediocre escritor pueda exponer en unos cuantos párrafos, pero es de ponerle coco, pues de esto depende la felicidad o el martirio perpetuo. ¿Conocés a alguien que la esté pasando mal?

AB es una mujer de cuarenta y ocho años, se unió en sagrado matrimonio con Bestia a los dieciocho y recibió penca dos años, el combo incluía maltrato psicológico y económico. Yo venía de una familia humilde; mi mamá me dijo que al matrimonio había que hacerle ganas porque con un hombre costaba vivir, pero era peor vivir sola

AB me autorizó contarles cómo le trabajaron el cerebro; me dijo con la voz quebrada y los ojos vidriosos: De entrada, te preparan el terreno para que uno pierda voz y voto, cuando salís de tu casa y entrás en una ajena, con gente que creés conocer. Regresando de la luna de miel, me dijo mi esposo “Bueno esta es mi casa y no es cualquier casa, así que, si vas a estar aquí y como sos vos la que la vas a gozar, por lo menos la tenés que mantener limpia, porque aquí te vas a estar, necesidad de trabajar no tenés y yo ya te voy a embarazar”.

Esa fue la primera alerta cuenta AB, cuando decidieron por ella el no trabajar y no seguir estudiando; al poquito tiempo yo ya dependía económicamente de él. El martirio empezó cuando un día se me ocurrió que podía opinar y con un ojo morado y el labio rojo me dejaron claro que no debía ni siquiera pensar, que yo estaba ahí para coger, parir y hacer almuerzo.

Fotografía de Javier Herrera

Un día decidí dejarlo y me fui para la casa de mi mamá. Ella lo llamó para que me fuera a traer porque yo de plano caprichosa era. Mi mamá me dijo: Si dejás a ese hombre, después todos lo que se acerquen a vos solo las nalgas te van a pedir y nadie te va a tomar en serio”. Y serio fue lo que le pasó a AB, todavía tiene cicatrices de esos dos años que vivió con Bestia (nombre ficticio del nene golpeador).

AB salió una madrugada rumbo a Estados Unidos con su hija de un año y un solo ojo. El otro lo perdió gracias a un golpe con un elefante de bronce que Bestia le lanzó debido a que un día no pudo tener planchada la camisa que él usaba los viernes para ir al boliche. AB está recuperada, dice que ya no le tiene miedo y que la única cosa que la motiva para venir a Guatemala es el divorcio que durante tantos años Bestia le ha negado.

 

El miedo, el sufrimiento y el necesito ayuda

En muchas ocasiones tomamos decisiones apresuradas, y creemos que no vamos a equivocarnos; y al equivocarnos nos vemos en la encrucijada de aceptar el error y buscar ayuda o soplarnos el sufrimiento heredándolo a nuestros hijos, el miedo producto de las amenazas y los constantes abusos vividos dificultan que se puedan tomar decisiones, pero de no ser tomadas pueden destruir la vida de muchas personas, la formación de niñas y niños en un país machista y conservador (solapado) hace que las futuras parejas crean que ciertos episodios cargados de violencia son normales.

 

Fotografía de Javier Herrera

A muchas de estas mujeres que la están pasando mal, el miedo y otros factores les impiden tomar la decisión de salir del abismo, pero sepan que no están solas, que hay instituciones que se encargan de ayudar, hay leyes que las protegen, hay personas con las que pueden contar y sobre todo sepan que no son propiedad de nadie y que el único objetivo en la vida es ser feliz o por lo menos intentarlo.

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